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Mi querida señora Sofía

Un día conocí a una señora mayor que en su juventud fue increíblemente famosa. Tuvo todo cuanto quiso y eclipsó a las personas más relevantes del mundo. Era importante, todos la querían y todos la respetaban. Pobre de aquel que osara faltarle al respeto, pues una legión compuesta por los hombres más poderosos de la época no dejarían mancillar su nombre. Bonitos tiempos aquellos.

Ya no es ni el reflejo de lo que en su día fue. Sus labios están cuarteados y sus besos saben a vino y whisky. Su aliento huele a tabaco, pero sus palabras siguen sabiendo igual de bien que siempre.

Tiene la cara marcada de arrugas y heridas aún sin cicatrizar, las cuales intenta en vano ocultar con maquillaje del barato, intentando parecerse a la joven que fue y que tanto triunfó allá donde iba.

Usa ropa glamurosa, aunque ya no puede permitirse primeras marcas como antaño y debe limitarse a ropa de segunda mano, que a veces está sucia o rota, pero que ella lleva con enorme estilo, ese mismo estilo que no se pierde por muchos años que pasen.

Esta señora camina ahora por la vida con multitud de operaciones estéticas a sus espaldas y lleva demasiado tiempo tonteando con el alcohol y las drogas.

Aunque ya no sea ni el reflejo de lo que fue, sigue dando guerra, y a veces sale un sábado por la noche y se encuentra con algún jovenzuelo que no la había visto nunca antes. Lo seduce con ese magnetismo que sólo las mujeres tienen y que nunca pierden por muchos años que pasen, lo envuelve en su misterio y le cuenta una parte del secreto de la vida. Lo enamora al instante.

Todos en la gran ciudad ya se han follado varias veces a esa vieja en todas las posturas posibles. Al principio la respetaban porque decía cosas interesantes y parecía misteriosa y muy inteligente, pero esos tiempos ya pasaron. Ahora nadie la respeta, y nuestra dama es humillada día tras día con el mayor de los desprecios y una indiferencia que duele en el corazón como una explosión de sangre y lágrimas.

Los políticos, que tanto se ayudaron de ella para subir al poder, ahora la dejan de lado. Los medios de comunicación dicen tratarla con respeto y rigor, y no hacen sino vomitarle encima. La gente dice quererla y respetarla, pero la mayoría de la población lo dice por pura hipocresía.

Pronto el jovenzuelo que la acaba de descubrir también le perderá el respeto y la considerará lo mismo que los demás, un juguete más que usar y usar hasta que se rompa. Después se irá de fiesta con sus amigos a drogarse y tirarle cacho a las jovencitas salidorras.

Cuando alguien conoce por primera vez a esa señora, se siente atraído hacia ella. No falla. Algunos coquetean una noche y luego la olvidan para siempre.Hay otros que se quedan con ella un tiempo, hasta que se cruza otra más joven y más bella. Son pocos, pero también los hay que se enamoran de tal forma de ella que nunca más vuelven a ser los mismos.

Esta señora les cambia totalmente, les enamora para siempre. Yo llevo unos años prendado de ella y espero seguir así hasta el día en que mi corazón ya no haga más bum bum. Esta mujer no le interesa a casi nadie, pero sigue siendo una dama muy especial, con la que compartir tardes otoñales o preciosos paseos a la luz de las lejanas estrellas.

No pude conseguir la compañía de Sofía durante mucho tiempo, ya que yo también acabé dejando de buscarla y menospreciando su presencia. Con el paso de los años me arrepiento y me pregunto qué será de ella. Todavía la quiero. Hace mucho que no la veo, y reconozco que estoy bastante paranoico pensando en si habrá muerto.

La busco por todas partes, pero me es imposible encontrarla. A veces pienso que la veo por la calle junto a un abuelo que charla con su nieto. Otras veces creo divisarla en un comedor de beneficiencia. Hasta en las residencias de la tercera edad me ha parecido verla… pero no estoy seguro de que sea ella. Muchas veces creo verla en una biblioteca o en alguna película pero, sobre todo, donde más creo verla es en Internet.

Visito foros, artículos y blogs de lo más diversos… y creo que está en muchos de ellos, enamorando a alguien todos y cada uno de los días. Llevándole a su alcoba para enseñarle los más valiosos tesoros que posee este mundo. Tal vez en algún momento se le vuelva a tener el reconocimiento que merece. Tal vez algún día seamos capaces de ver por nosotros mismos la belleza de esta mujer.

Espero algún día encontrar de nuevo a mi querida Sofía… aunque no sé si sería mejor seguir por caminos paralelos.

El día en que la conocí me hizo dudar de todo…

Un partidito de Filosofía

La Filosofía, conocida etimológicamente como amor a la sabiduría, es un concepto muy relativo. Partiendo de ese punto,  todos podemos ser filósofos, ya que todo aquel que ame la sabiduría y que busque el conocimiento activamente puede considerarse a sí mismo un filósofo, o aprendiz de sabio.

Todo filósofo, aprendiz de sabio o persona a la que guste la filosofía (poned la etiqueta que más os guste) soñaría con ver a todos sus grandes ídolos juntos. Exactamente igual que un amante de la lectura, de la pintura o de cualquier otra actividad. La experiencia al ver a los grandes genios de una disciplina unidos podría llegar a ser orgásmica. Lo que pasa es que, como personas que son, a lo mejor al verlos a todos juntos nos podríamos llevar una gran sorpresa.

Quedamos a las 6 en casa de Platón

En el desvarío absoluto en el que va camino de convertirse esta entrada de blog, se me ocurre imaginar qué pasaría si los grandes estandartes de la Filosofía quedaran un día para echar la tarde. Lo que podríamos encontrarnos allí sería “no apto para cuerdos”.

Imaginémonos (puestos ya a imaginar) que quedan en la casa de uno de ellos, de Platón, por ejemplo. El primero en llegar es su discípulo Aristóteles. Ambos comienzan una interesantísima discusión acerca de las ideas, defendiendo tenazmente sus puntos de vista hacia la materia y la razón. Platón insiste con vehemencia en que lo único real son las ideas, mientras que Aristóteles es más de pensar que esas ideas o conceptos sólo tienen valor en la medida en que se hayan relacionados con objetos materiales (ya se sabe, la típica charla sobre filosofía…). Poco después llega Sócrates, al cual ambos filósofos recurren para que les ilumine con su ecuánime punto de vista, pero Sócrates se hace el loco y pasa de los dos.

Más tarde llegarían el resto de citados. Kant y Schopenhauer han venido juntos manteniendo una romántica charla acerca del criticismo. Ante el jaleo que tienen montado en el salón Platón y Aristóteles, Sócrates se decide a ser él quien les abra la puerta. Justo en el momento de abrirla, escucha calumnias muy graves de Schopenhauer hacia Hegel (maldito hijo de perra, en concreto). Arthur intenta disimular, pero Sócrates lo ha oído todo. De todas formas, no tiene por qué preocuparse, a Sócrates todo esto se la suda.

Los filósofos van arribando y cada vez la pequeña choza de Platón está más llena. Con tanta discusión en voz alta ya es difícil distinguir bien una conversación de otra. Ya han llegado Epicuro, Leibniz, Heráclito y Jaspers, están todos. Bueno, todos no, faltaba Nietzsche, que es el último en llegar, con una mala cara visible y blasfemando del puto tráfico que había. No se disculpa por llegar tarde.

Así pues que nos encontramos con una casa llena de filósofos, casi sin cervezas en la nevera y con el ambiente ya bastante cargado. La verdad es que se sienten algo cansados de tanto discutir sin llegar a ninguna conclusión que satisfaga a todos.

Además hace un día maravilloso y en la casa no huele demasiado bien con tanto sobaco antiguo sudando. De pronto, uno de ellos lanza una propuesta para una tarde primaveral como la que hoy luce. “¿Y si nos echamos un partidito?”. Todos los allí presentes callan en un silencio que se hace sepulcral. De repente, la maravillosa reunión de filósofos se va a la mierda. ¡El último que toque el larguero se pone!

Divina Ciencia

Es innegable que la música juega un papel importante en nuestra vida. Hay ritmos, letras… en definitiva, hay canciones que están en nuestra memoria y lo estarán toda la vida, porque de alguna manera nos han marcado.
Para los momentos buenos como para los malos tenemos una serie de canciones que forman la banda sonora de nuestra vida. Nos han hecho vivir, nos han emocionado y nos han ayudado a entender muchas cosas.
Esta es la canción que más me ha influido en toda mi vida. Os aconsejo que la escucheis con atención. Da igual a quien votéis, las ideas que tengáis, la música que os guste, si os caigo mal o bien… no importa nada. Os hará mucho bien.

Os dejo tanto la cancion como la letra, espero que os ayude tanto como a mí




Es muy difícil crear
Y muy fácil destruir
  
Es muy fácil bajar
Y aún más difícil es volver a subir
Al monte donde naciste por ley 

Es muy fácil negar
Difícil reconocer 
Es muy fácil caer
Difícil es volver a ponerse en pie
En el combate
No dejarse vencer
 
Es muy fácil ser dócil y débil
Mostrarse, ingenuo
Confuso y frágil
Ante aquel
Que quiere que cumplas sus planes desde las tinieblas
Y resistirse bien difícil es
 
Muy fácil seguir el camino del mal
Difícil darse cuenta y rectificar
Es más fácil vivir ficción que realidad
Y es difícil enfrentarse a la verdad 

Por eso escúchame
Yo no vine pa matarte
Solo pa cantarte mi friend
Escúchame ieieeee
Yo no vine pa apuntarte
Solo pa contarte que
No se trata de religión
Más bien se trata de amor propio y no
Querrás acabar en un ataúd envidiando la vida de otro
 
Y recuerda que nacemos puros en lo más alto
Pero poco a poco vamos bajando
Vendiendo nuestra alma al diablo
A cambio de una eterna condena

Es muy fácil tomar una decisión
Y es difícil tomar la correcta
Es muy fácil pasar por una situación
Y difícil aprender de ella 
Es muy fácil proponerse una meta
Y difícil que las cosas no se tuerzan
Resulta difícil cuando hablas por convicción
Y muy fácil si es por experiencia
 
Entonces recuerda
Rasta te envia fuerza

Sabiduría y paciencia

Es divina ciencia

Haciendo uso de tu conciencia

Aléjate de la bestia


La diferencia entre ser tonto, listo ó estar loco

El ser humano, como género, es tan extraordinario y complejo que a veces se regodea en su propia complejidad para ir más allá en sus planteamientos, darle ese punto de genialidad a sus tesis que las diferencie del resto. Que las haga mejores.

De este modo, la “auténtica” sabiduría queda encriptada dentro libros infumables de leer, esculturas imposibles de entender, cuadros ininteligibles o películas surrealistas. Todo dirigido hacia unos pocos eruditos, que gracias a su “gran intelecto” captarán la esencia de todas estas formas artísticas desde detrás de sus gafas de pasta, y dentro de sus jerseys de punto con colores pastel. Picasso, Kafka o Kubrick pasan así a ser genios de la cultura, no por méritos propios (que no dudo que los tengan) sino por la fuerza con la que se grita al cielo que deben serlo. ¡Ten cuidado de meterte con ellos! El desprecio y la blasfemia pueden caer sobre tí de tal manera que te sentirás un ser simple e infame, en contra de cualquier forma de evolución.

Pero he aquí que el ser humano le da otra vueltecita de tuerca al asunto. Como era de esperar, nos gusta mucho tirarnos el moco y parecer lo que no somos, así que muchas de las personas que decían entender ese súbito arte, en realidad no hacía más que aparentar. ¡Eureka! Los artistas “modernistas” empiezan a proliferar como células durante un embarazo, dándonos más y más de ese arte tan magnífico, que sólo los listos pueden entender. Y cómo no sabemos donde está la línea entre lo sublime y lo absurdo, y sólo los listos pueden entender estas nuevas formas de arte… yo no voy a ser uno de los tontos, ¿verdad? ¡¿Quién querría ser un tonto?!

El caso es que el mundo de la cultura, de la inteligencia o de la sabiduría (llámalo como quieras) acaba maltratando a las personas que más lo quieren, lo cuidan y lo respetan (en un curioso paralelismo con nosotros, los humanos). Los estandartes de nuestra cultura terminan siendo grupos de música, actores y todo tipo de artistas introducidos en un perfecto engranaje socio-económico que hace el mundo los quiera y los respete. Tan manipulados como tú, que lees esto; y como yo, que lo escribo. Estos artistas muchas veces no son ni siquiera conscientes del tinglado del que forman parte ni del daño que le hacen al mundo de la cultura.

Y claro, ya no hay sitio para palabras recién salidas del alma, cuadros pintados con amor ni esculturas hechas con mimo. ¿Quién quiere esa mierda? Las personas no queremos parecer tontas, no queremos que nadie insulte nuestra inteligencia dándonos una forma de arte simple, directa y humilde. Queremos que nos den pinceladas de mil colores, cuerpos con varias cabezas y frases complejas de las que apenas entendamos dos o tres palabras. Quien antes era un loco, pasó a ser un genio. Quien no imite a esos genios, es un simple y un tonto.

En el mundo actual es muy fácil disfrazar nuestra existencia y convertirla en otra mucho más agradable y aceptada por los demás. Quien no tiene dinero, puede aparentar que lo tiene llevando ropa de marca. Quien no posee un alto grado de inteligencia puede hacer ver que no es así, hablando de una manera que no domina acerca de cosas que no conoce. Podemos “ser” quien nos dé la gana ser, pero en el fondo de nuestra conciencia no podemos negar que no somos nada.

Lo único que puede salvarnos de una vida vacía es darnos cuenta a tiempo de quienes somos. Aceptarnos y aceptar a los demás.

A partir de ahí ya habrá tiempo de ver películas de Kubrick, leer un libro de Kafka o echar una partida al Pro.