Archivo del Autor: El Filósofo Loco

El sueño compartido

Originalmente publicado en Viaje al centro de algún universo:

(Viene de aquí)

No sé si pasaron minutos, horas, días, semanas, meses o incluso años.

La luna llena estaba a punto de ponerse, y presentaba un aspecto rojizo en la oscuridad del otro lado del horizonte. Desde mi campo de visión, un avión la cruzó de derecha a izquierda dejando tras de sí una estela plateada. La vida es un amasijo de causas y efectos donde por momentos me resulta difícil distinguir qué me conduce a qué, pero quizá fue la contemplación de esta bella estampa lo que me hizo volver a ser consciente de dónde estaba.

A través del gran ventanal la claridad se adueñaba perezosa e inevitablemente de la estancia. Poco a poco podía distinguir las siluetas de más objetos esparcidos en aquel estudio. Las paredes me aislaban de cualquier sonido proveniente tanto del resto del edificio como del exterior, pero mirando hacia abajo pude constatar como…

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Cosas viejas, cosas nuevas

abuelito

Estamos en 2013 y el mundo no se ha acabado. Al menos, si estás leyendo estas líneas, significa que para ti no ha acabado.

En este post va a escribir el filósofo loco, como en todos los anteriores, pero en esta ocasión también hablará Juanjo, la persona que está detrás de este espacio.

Este va a ser un texto diferente, porque en él hablaré de mi vida, incluso de mi vida personal, y de lo que este blog ha significado en ella. Y eso incluye a todas y cada una de las personas que leen o han leído alguna vez el blog. A los que han comentado y me han enviado mails. A todas las personas que he tenido la fortuna de conocer gracias a este espacio. Eso, en definitiva, de alguna forma también te incluye a ti.

También este post será diferente porque voy a escribirlo hablando íntegramente en primera persona. En primera persona y sobre la marcha. Sin tensiones de ningún tipo. Sin preocupación de cómo quedará, de si estará a la altura. Es un gustazo escribir así.

Jamás antes había hecho eso, no sé si por respeto al lector o por ego personal, y jamás pensé que lo haría. No suelo usar guiones para escribir pero sí suelo revisar en numerosas ocasiones los escritos antes de publicarlos. Eso es también otra cosa que hará a este texto diferente.

Llegados a este punto podría decirse que ahora leerás algo que no se asemeja a los textos que suelo escribir. Aunque este blog se llama El Filósofo Loco, ni soy un filósofo como tal ni hablo de filosofía. Al menos, no de la filosofía que se lee en los libros de texto. No hablo de los grandes filósofos de la historia ni de sus teorías. O sí, quien sabe. Hablo, por decirlo así, de filosofía de vida. Sobre lo de estar loco, no está clínicamente probado pero algo hay.

En esta ocasión el texto debe ser diferente porque hace cerca de dos años en los que no publico nada. Han pasado dos añazos ya.

Lo último publicado aquí fue el texto de Frank “Lo que siempre estuvo ahí”, dentro de la sección de firmas invitadas, donde invito a cualquier lector a que me envíe un texto que desee publicar (¿Quieres publicar algo? ¡Escríbeme!). Aquello fue a principios de 2011, y muchas personas han pensado que este blog estaba abandonado porque ya no se publicaba nada desde entonces. Yo no lo creo así. El mensaje, al igual que el gran texto de Frank, siempre estuvo ahí.

Aquel texto fue sin duda un punto de inflexión, en este blog y también en mi vida personal. Si lo leíste con atención, puede que también lo fuera en la tuya. Fue tanto lo que me transmitió aquello, que creo que las palabras se agotaron en ese instante. Si alguien leía todo lo escrito anteriormente aquí y acababa leyendo el texto de Frank, no se me ocurría nada más que decir. Hasta me daba miedo escribir después de aquello. También publicar textos de otros. De una u otra forma, tenía la sensación de que todo estaba ya dicho.

Si el blog El Filósofo Loco tenía algún sentido cuando se creó, ese era transmitir. Y creí que todo lo que podía transmitir, ya estaba transmitido, terminando con el gran texto de mi amigo Frank. Podía seguir escribiendo lo mismo de distintas formas, pero me parecía poco honesto, una pérdida de tiempo y no me motivaba. Pensé que El Filósofo Loco se tenía que quedar así. Quería que ese texto de Frank fuera el último.

Así pues, consideré el blog como algo que quedaría ahí para quien lo quisiera leer en el futuro, sin añadir nada hasta que no lo considerara importante y novedoso.

Sin ninguna presión ni interés por escribir, empecé a notar un suceso curioso, y es que a medida que el blog seguía “parado” las visitas no paraban de aumentar, así como se seguían recibiendo comentarios y mensajes por correo. La gente seguía leyendo, seguía comentando y seguía enviando textos para publicar. Las personas que siguen entrando en este blog a diario son muchas más ahora que las que entraban cuando se publicaban cosas con cierta periodicidad. Y llevo dos años sin escribir. Esto me asombra, y de alguna forma también me agrada porque quiere decir que el mensaje sigue estando ahí. El espacio de los filósofos locos nunca ha estado abandonado, los filósofos lo han mantenido vivo. Los filósofos como por ejemplo tú.

Hay quien encuentra un texto de hace tres años y le sirve para su situación actual. No sólo tenía sentido hace tres años, lo sigue teniendo ahora. Eso me parece maravilloso.

También muchas personas de mi entorno personal me comentaban sobre el blog y me preguntaban por mi “ausencia”. ¿Ausencia? ¿Qué ausencia? El blog sigue abierto. Todo está ahí escrito. ¿Lo has leído todo? Date una vuelta, tal vez encuentres algo que te guste.

Yo lo hice.

Como no sabía qué escribir, ni tenía mucho interés en hacerlo, hacía lo mismo que le decía a las personas que me instaban a publicar cosas “nuevas”. Volver a leer. Volví a leer todos y cada uno de los textos escritos por mí y por otras personas. Lo hice con atención e interés. Y me pasó algo asombroso. Los textos viejos me transmitían cosas nuevas. Podía volver a leer lo escrito y siempre acababa con un nuevo pensamiento, con una nueva sensación. Y como las palabras se las lleva el viento, lo intentaba aplicar a mi vida con actos. Estaba empezando a crecer personalmente aún más gracias a textos que yo mismo había escrito en el pasado, algunos de los cuales ni siquiera recordaba bien porque tenían bastantes años.

Una de las cosas en las que ocupé el tiempo que ya no dedicaba a escribir ni a pensar en qué escribir, era salir más de casa. Hacer más deporte, coger la bici y salir sin rumbo fijo, acabando siempre en un lugar nuevo y disfrutando realmente del camino. Leyendo antiguos textos del blog tenía la misma sensación que saliendo con la bici, siempre acababa en un lugar distinto al anterior y había disfrutado de un gran viaje.

Eso es lo que te recomiendo, que leas una y otra vez. No este blog, sino todas las cosas que has leído y que te han gustado. Y no sólo en la lectura, en cualquier otra faceta de la vida, te recomiendo que vuelvas a hacer cosas que has hecho y que te gustaron en su momento. Aunque pueda parecer aburrido volver a hacer lo mismo que has hecho antes, si lo haces con atención e interés, acabarás cada vez en un lugar distinto y disfrutarás del viaje. Yo así lo hice.

Pero también hice cosas nuevas. Desligado por completo de la escritura, empecé a tener nuevas inquietudes. Como siempre me ha gustado expresarme, pensé en probar suerte expresándome de otras formas, de forma que siguiera aportando cosas, a mí personalmente y si era posible también a otras personas.

Una de las cosas que he aprendido haciendo cosas nuevas y también volviendo a hacer cosas que hice, es a tratar de convertir los inconvenientes en oportunidades. Es lo más sensato cuando tienes un problema, porque todos los problemas siempre tienen una solución y sólo hay que verla. A veces dentro del mismo problema.

Y yo tenía un problema. Y en parte lo sigo teniendo. Un problema que puede que tengas tú también. No tenía trabajo.

Cuando, por la estafa crisis, dejó de haber trabajo de lo que yo había estudiado, empecé a hacer como muchas personas, trabajar de cualquier cosa para subsistir. Camarero, operario de fábrica, pulidor de suelos… cualquier cosa. Pero los trabajos no eran estables, y cuando el empleo temporal se terminaba había que volver a buscar otra vez. Cuanto más tiempo pasaba, menos trabajo había. Y así sigue ocurriendo en España.

El caso es que había que buscar una salida. Pensé en emigrar. Las opciones tampoco eran muy halagüeñas y podía ser peor salir que quedarse. El miedo me frenó. Decidí quedarme y usar todo el valor que se supone hay que tener para dejar tu país en tratar de sobrevivir dentro de él. Tenía que buscarme la vida, tenía que pensar y tenía que hacerlo rápido.

En aquel momento, recordé lo de transformar los inconvenientes en oportunidades. Cuando dejé de escribir y empecé a expresarme de otras formas, encontré mucho placer al realizar otras actividades de expresión como puede ser la radio, dar clases  o incluso hacer de actor. Al no encontrar trabajo prácticamente de nada, probé suerte en algunos de estos nuevos sectores.

Cuando era más joven, fui muy buen estudiante. Tanto que en ocasiones ayudaba a familiares y amigos con los estudios. Eso me hizo adquirir mucha facilidad en la expresión e incluso me valió para pagarme parte de mis estudios superiores años después, dando clases particulares a niños. También cuando era más joven, hice algo de teatro y durante unos años también fue una de las cosas en las que ocupé mi tiempo. De repente me di cuenta de que había dos cosas que me gustaban mucho, con las que tenía experiencia y con las que tal vez podría volver a ganar algo de dinero. Me había interesado por  cosas nuevas que en realidad eran viejas aficiones. Tenía que aprovecharlo.

Empecé a ofrecerme para dar clases particulares de nuevo y también a presentarme a castings para películas, cortos y series de televisión. Para mi alegría y sorpresa, pronto comencé a recoger los frutos de mi ilusión. Para el primer casting que me presenté, me cogieron. Era para una película, que además se estrenó hace poco en cines, y aunque sólo eran treinta euros y un día de trabajo, me hizo mucha ilusión.

Además, gracias a un “contacto” conseguí un trabajo en una empresa de actividades extraescolares dando clases a niños, a cambio de un sueldo excelente por pocas horas de trabajo. Y lo mejor de todo es que en esa empresa también empezó a trabajar mi novia.

Todo iba como la seda, parecía demasiado bonito para ser verdad.

Y efectivamente. Con el tema del cine me fue y me sigue yendo muy bien, aunque es un sector en el que si no tienes una cierta trayectoria, no puedes aspirar a ganar dinero ni a vivir de ello.

Pero el verdadero problema vino con lo que era mi empleo soñado y con el que en teoría me estaba ganando la vida. Aquella empresa para la que yo trabajaba resultó ser un completo fraude. Uno de esos que imperan hoy en día y con los que se estafa a gente desesperada por conseguir un trabajo. Empezaron con ligeros retrasos de pago y acabaron debiendo varios meses de sueldo. No sólo a mí, sino también a mi novia y a un montón más de afectados.

El resultado fue que al final del asunto, yo me había gastado un montón de dinero que no tenía en desplazarme para dar clases que no me pagaron. De repente me di cuenta de que sí, me había reinventado y había hecho cosas que me gustaban, pero me encontraba económicamente aún peor que al principio. Es curioso porque simultáneamente a entrar en esta empresa rechacé un trabajo de verdad en una empresa de verdad y con una nómina de verdad. Aún así decidí quedarme con lo que me gustaba.

Hoy en día sigo con problemas laborales, pero no me arrepiento de aquella decisión. De hecho, no me arrepiento de nada. Ahora tengo deudas, sobre todo con la santa de mi novia que también fue engañada conmigo, pero también se han abierto otras puertas y la vida ha ofrecido otras oportunidades.

Sigo haciendo cosas dentro del mundo del cine y la televisión, voy a realizar un Podcast (¿Te gustaría participar? ¡Escríbeme!), vuelvo a escribir y además sigo dando clases. Pero éstas las doy por cuenta propia y las cobro religiosamente. Entre todo lo que pueda ganar con unas cosas y otras, y el apoyo de mis seres queridos, apenas me da para sobrevivir. Y la verdad es que hoy en día, sobrevivir no me parece poco. Seguir vivo ya es un lujo.

No descarto volver a trabajar de administrativo, camarero o en una fábrica si se presenta la ocasión (¿Quieres ofrecerme un empleo? ¡Escríbeme!) pero al final, mi vida ha cogido el camino que tenía que coger. Me ha pasado lo que me tenía que pasar y de igual forma sucederá en el futuro. He luchado y he hecho lo que tenía que hacer. Así es como debe ser.

Hice cosas nuevas y volví a hacer cosas viejas para darme cuenta de muchas cosas que necesitaba saber. Para hacer muchas cosas que necesitaba hacer. He dado la cara y me la han partido, pero aquí sigo.

Y tú. Tú también sigues aquí.

Ojalá que encuentres fortaleza en tu vida para hacer lo que tengas que hacer. Ojalá que hagas cosas nuevas y que vuelvas a hacer cosas viejas que te gustaron. Volver a leer eso que te impactó. Volver a ver esa peli. Volver a hablar con esa persona. Tomar decisiones.

Al final te pasará lo que te tenga que pasar, igual que a mí, igual que a todos. Pero será tu elección. Es y siempre ha sido elección tuya.

La cosa va de darse cuenta.

elfilosofoloco@hotmail.es

“Lo que siempre estuvo ahí”, por Frank

A continuación os dejo con una nueva firma invitada. Su autor, que prefiere permanecer en el anonimato (aunque le llamaremos ‘Frank’), dejó este bello regalo en mi correo.

Recuerdo el día que tuve la epifanía acerca del significado de la vida. No estaba sólo, y en ese momento entendí que nunca lo había estado. Fue una revelación completa que atravesó mi pensamiento. Sabía que había estado muerto y la noche después de haber escapado de esa cárcel, tan sólo quería llorar.

Lloraba porque me di cuenta de que los demás no sabían eso, y sobre todo porque descubrí que a los demás no les interesaba nada de eso. Hoy, por fin, puedo descansar de la ansiedad y desesperación que me ataban al mundo. Respecto a la gente que, como yo estuve, está perdida en un estado de coma; no puedo hacer por ellos más de lo que me pidan. Cada uno tiene sus tiempos, y cada cual sus formas.

Después de lo que pasó, cuando todo ha cobrado el sentido que a día de hoy parece debe ser pero sabiendo que nunca se sabe lo suficiente y teniendo en cuenta que va a cambiar, puedo decir que, con todo aquél que habla “ese” mismo idioma… tenemos algo en común.

El despertar en la vida. El nacimiento espiritual. Entender cada momento como una oportunidad. Saber que todo es un milagro. Ser consciente de que aun no teniendo nada, se tiene todo. Fijarse en el espíritu y no en los huesos. Comprender que renunciar no necesariamente significa sufrir; y que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

He aprendido que he vivido, vivo y viviré en una sucesión interminable de errores que al final acabarán formando algo bueno. Que cuando nacemos somos como una masa de barro a la que los golpes de la vida van moldeando. Que los logros no se miden por lo que se es capaz de conseguir, sino por lo que se es capaz de renunciar. Que el primer paso en todo siempre es un acto de fe. Que iré donde quiera, como pueda y podré porque quiero. Que hay que disfrutar como si todas las veces fuesen la primera. Que la rendición es sin duda la respuesta correcta en ciertas circunstancias. Que la vida no sólo consiste en encontrarse a uno mismo, también hay que encontrar a los demás. Que es posible encontrar diamantes entre tanto carbón. Que hay que recoger palomas caídas. Que la risa se contagia más rápido que la gripe: soltemos el virus. Que no hay ningún acto fallido, ni gratuito, todo es perfecto en sí mismo. Que, ¿para qué quieres que los demás te admiren por algo que realmente tú no valoras? Que el amor cura y que es como el aire, cuando lo tienes no le prestas atención, pero cuando te falta, empiezas a ahogarte. Que equivocarse es bueno, pero vivir en un error no. Que la cabeza y el corazón tienen que ir siempre juntos. Siempre. Que si las coincidencias importan, todo cambia. Que la música es el lenguaje del alma. Que no es lo mismo rendirse que conformarse. Que Tú brillas. Que tal como vienes te tienes que ir: limpio.

Animo a cualquiera…  a cualquiera ahí fuera que alguna vez haya tenido una idea, un pensamiento sobre algo que le gustase realizar pero sabe que le va a pedir el mejor de sus esfuerzos, la mayor parte de su concentración y todo lo que tiene en su interior con la finalidad de llegar allí y hacer que eso ocurra. En tu alma han hecho millones de agujeros, pero nunca dejas que los vean. Sólo pide, y recibirás.

Porque entramos en este juego, basado en un código extraño el cual hace que los humanos no seamos tratados por igual, pero todos somos ganado. Para eso venimos, somos jueces, somos ayudantes.

Y lo que has olvidado…  porque sé que si te arriesgas a la esperanza, que si te atreves a intentar construir las piezas de tu vida encontrarás las cosas que tanto aprecias, las cosas que tuviste tan cerca y que nunca conociste. Si lo haces, ya nunca tendrás necesidad.

Sé valiente, vivirás para siempre.

Si tú también quieres publicar una firma invitada aquí o deseas tratar cualquier otro tema, puedes ponerte en contacto conmigo en la dirección elfilosofoloco@hotmail.es

Este texto forma parte del archivo de la sección “Firmas invitadas”. Puedes acceder a su enlace original aquí.

El potencial de tu mente

Las capacidades de la mente humana es un tema que cuando lo tratas por primera vez, resulta muy difícil que no te fascine. Descubrir el gran potencial que tiene nuestra mente para ayudarnos a desarrollar capacidades es, simplemente, increíble. Es como ver al conejo de Alicia abrir una puerta misteriosa que descubre el camino a innumerables rutas escondidas e inéditas para nosotros. Unas rutas que, sin embargo, parece que ya estaban allí mucho antes de que las descubriéramos.

El potencial de la mente humana ha sido y sigue siendo uno de los grandes retos para la ciencia. Los infinitos recovecos que puede alcanzar la mente de una persona son difícilmente clasificables para el método científico. Esto hace que estudiar clínicamente todas las capacidades que una persona puede llegar a desarrollar gracias a su mente resulte, aún hoy en día, casi una quimera para algo tan avanzado como la psicología moderna.

Muchas veces he escuchado el discurso de que las personas utilizamos un porcentaje mínimo de todas nuestras capacidades. De todo nuestro potencial mental. Se dice que utilizamos un uno, un cinco, tal vez como mucho un diez por ciento de nuestra capacidad mental.

Cuando escucho esto, una vieja idea ahonda en mí. La primera pregunta que me hice desde el momento en que descubrí este fascinante tema fue: ¿Cuál es la “capacidad total” de la mente de una persona?

Llegar a hacerse una idea de todo lo que un ser humano puede llegar a experimentar a través del potencial de su mente es prácticamente imposible. Si viéramos nuestro cerebro como un disco duro dentro del cual está nuestra mente, resultaría absurdo tratar de ponerle un número de Gigas a la capacidad total de ese disco. No conocemos el cuantio de la mente humana. A medida que más se estudian las capacidades cerebrales y mentales de las personas, más caminos se abren y nuevos horizontes se avistan.

Decir, por tanto, que utilizamos un porcentaje de nuestra mente resulta un tanto ilógico, ya que no se conoce, ni siquiera en aproximación, cual es la totalidad a la que nos ceñimos para sacar ese porcentaje.

Lo que puede tener más sentido es que utilizamos muy pocos de nuestros recursos mentales. Esto es algo notable cuando observamos que mediante el aprendizaje se pueden llegar a conseguir grandes logros a nivel de conocimiento y desarrollo mental. Cuando aprendemos algo nos damos cuenta de que podíamos aprenderlo, y nos preguntamos cuántas cosas más podríamos aprender. Cuántas capacidades más podríamos desarrollar.

Aunque resulta lógico pensar que utilizamos una mínima cantidad de todo lo que la mente nos puede brindar, también existe la posibilidad de que, además de poco, estemos utilizando mal nuestras capacidades. De que las estemos utilizando de forma negativa. Para destruir en lugar de para construir.

Si el potencial de la mente es tan fascinante y misterioso, es en cierta medida porque existe una enorme parte oculta dentro de la propia mente a la que llamamos subconsciente.

En el subconsciente existen multitud de recuerdos, de sensaciones y de reglas que permanecen ocultas o parcialmente ocultas bajo el umbral de la consciencia, y que pueden aflorar de acuerdo a sus propias normas, no a las que nosotros les impongamos. Es decir, el subconsciente es como una parte de nosotros que va por libre.

Y debajo de esa parte de nosotros que va por libre, hay multitud de información. Todo un mundo aparte. Como cuando mueves una gran piedra en medio del campo y debajo de ella hay todo tipo de bichos viviendo en su propio microclima, alimentándose y reproduciéndose en un lugar en el que pensábamos que no había nada.

Cuando hablo de que puede que utilicemos mal nuestras capacidades mentales, hablo de dejar que domine el subconsciente por encima de la consciencia. De utilizar gran parte de nuestra energía en fobias, en temores, en malos recuerdos. De utilizar nuestras capacidades de forma negativa para nuestros intereses. De dejar que el subconsciente haga y deshaga a su antojo, haciendo de nuestra vida algo que no nos termina de gustar. Controlando por completo el ámbito psicosomático. Hablo de una mala comunicación entre nuestra parte consciente y todo ese mundo aparte que supone el subconsciente.

En ocasiones, utilizamos una enorme parte de nuestros recursos mentales y de nuestro tiempo en divagar, en temer, en generar hipótesis, en pensar sobre lo que otros piensan y en hacernos pajas mentales. Después, podemos llegar a la conclusión de que hemos usado muy pocas de nuestras capacidades y de nuestros recursos. Pero puede sorprendernos la idea de que lo que hemos hecho no ha sido tanto utilizar poco nuestra mente, sino utilizarla de forma torpe y negativa.

Si te paras a pensarlo, la diferencia entre las acciones que te benefician y las que te perjudican puede no consistir en la cantidad de recursos empleada en realizar esos actos y sí en la dirección y el sentido que has dado a esos recursos.

Como dijo alguien una vez: “La potencia sin control no sirve de nada.”

Si hay cosas en tu vida que no te gustan y que quisieras cambiar, el hecho de que no las hayas cambiado puede no deberse a que no le has dedicado tiempo o esfuerzo, sino a que el tiempo y el esfuerzo que has invertido no te ha servido para nada. Ha sido una energía empleada de forma destructiva.

A lo largo de tu existencia has utilizado, sin saberlo y seguramente sin quererlo, mucha parte de tu potencial mental, mucha parte de tu energía, mucha parte de tus recursos… en ponerte trabas a ti mismo.

En el momento en que logres identificar esa energía mal empleada, podrás actuar sobre ella y modificar su sentido para que deje de perjudicarte y te empiece a beneficiar.

En el momento en que logres hacer que el potencial de tu mente juegue a tu favor y no en tu contra, podrás sacar de forma consciente esos pensamientos negativos que hasta entonces existían en tu subconsciente. Podrás empezar a usar el poder de tu mente de forma constructiva.

A partir de entonces, la expresión disfrutar de la vida puede que adquiera un nuevo y bello significado.

Sólo hace falta que creas en tu propio potencial. En el potencial de tu mente.