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El síndrome de Valencia

Hace unos años tuve la ocasión de viajar desde Valencia, mi ciudad natal, hasta Barcelona para pasar unos días con un amigo.

Durante la estancia allí, como buen anfitrión, el chico se preocupó bastante de tenerme casi todo el tiempo ocupado. Me preparó quedadas con sus amigos, cenas por ahí y excursiones a todo tipo de lugares típicos de la zona. Pero lo mejor de todo sucedió cuando decidió llevarme en el Bus Turístic de Barcelona.

Aquello fue genial, vimos muchos de los mejores lugares de la ciudad y lo que más me llamó la atención fue la frase que me dijo mi amigo, que era de Barcelona desde que decidió nacer.

Nen, yo que soy de aquí, no sabía que Barcelona era tan bonita, de verdad te lo digo, ¿eh?

Aquella frase me impactó mucho por lo embobao que estaba mientras lo decía y porque automáticamente empecé a empatizar con sus emociones. ¿Cuánto podría estar yo perdiéndome de mi ciudad? ¿Qué cosas podrían haber que me llegaran a fascinar?

Pues bien, he recorrido prácticamente toda mi ciudad en multitud de ocasiones y he de decir que Valencia es una ciudad amplia, con un clima único y con un equilibrio entre cultura y modernismo brutal. Además su gente es de un carácter muy abierto. Creo que, aunque pueda ser subjetivo, Valencia es un maravilloso sitio donde vivir. Eso sí, aún no he cogido el Bus Turístico… pero no voy a tardar mucho.

No trato de que todos vengáis este verano a Valencia, no. Lo que quiero transmitir es que yo he conocido mi ciudad y he aprendido a valorar todo lo que tiene. Los valencianos (los de toda la Comunidad Valenciana) somos un pueblo especial, por muchas cosas, y de algunas de ellas va este post.

Resulta que acabo de ver la película El Sindrome de Svensson, una película producida y filmada en diversos pueblos de la provincia de Valencia. Forma parte de una serie de DVD’s llenos de películas que esperaba ver este verano, pero esta la escogí por error. Lo curioso del caso es que ya la intenté ver hace mucho tiempo y no aguanté 10 minutos, tuve que quitarla de lo malísima que me pareció. Me dio la sensación de ser la típica película surrealista en la que intentan ir de graciosos haciendo estupideces constantes dentro de un guión infumable. Tan mala me pareció que la borré de mi memoria para siempre en segundos. Y ya me extrañó que fuera tan mala, porque el reparto que tiene es realmente excelente, pues aparecen muchos actores conocidos de cine y televisión.

Pero he aquí que la vida te da a veces segundas oportunidades, y como esa película estaba totalmente fuera de mi memoria, al ver el DVD mucho tiempo después ni recordaba lo mala que era. No recordaba absolutamente nada. Leí “El síndrome de Svensson” escrito a boli en la carátula y mi cabeza no lo relacionó con aquel film. Aquella película ya no existía para mí, así que tropecé dos veces con la misma piedra, aunque esta vez para bien.

Eso sí, demasiadas pistas le hacen a uno acertar por muy tonto que sea, y en cuanto vi el primer fotograma, exclamé para mis adentros: ¡Mierda!

Otra vez la peli del capullo con una camiseta de la selección sueca que intenta ir a dedo hasta Xàtiva (Valencia) porque allí tiene que encontrar a su mujer ideal. Ese tipo tiene el Síndrome de Svensson, una extraña enfermedad sin síntomas ni tratamiento, a la que le han puesto el nombre de nuestro protagonista, pues su família es la única que la padece. No saben lo que es. En realidad no es nada, no existe. Además el chico (que es buena gente en verdad) se encuentra con multitud de frikazos de talla mundial en un guión totalmente absurdo. Con ese panorama y con el poco interés que puse en verla, ¿cómo iba a gustarme?

Pensé en avanzar hacia delante por si había algo gracioso que me estimulara para soportarla, y vi un par de escenas que me hicieron esbozar una gran sonrisa sin darme cuenta. Al ser consciente de que estaba disfrutando, decidí verla completa, y tengo que decir que estoy muy contento de haberlo hecho.

Al verla sin prejuicios, la he disfrutado como un enano riéndome de situaciones irrisorias y absurdas, mezclando clichés típicos y muy exagerados de los valencianos (paella, macarras, naranjas, fallas, labradores catetos, paquito el chocolatero…) con unas dosis de humor surrealista que me ha hecho reír y hasta incluso llorar, tanto de risa como de emoción.

Viendo la película completa pude disfrutar una secuencia que me tocó las fibras más sensibles: dos pijas catalanas se pierden en el barrio del Cabanyal (barrio marinero de Valencia, donde yo nací y me crié) y muestran un plano a coche de las distintas callejuelas y las viejas casas con más de cien años que le siguen dando ese toque antiguo y cultural a la ciudad cada vez más modernizada. Este es un barrio muy carismático y antiguo de Valencia, y actualmente está en peligro de extinción. Al ser mi barrio natal y conocer toda la polémica que hay entorno a él, me emocionaron mucho estas escenas. Esta situación es poco conocida a nivel nacional, aunque programas como Callejeros también le dedicaron un tiempo en televisión.

El retrato del barrio del Cabanyal con toda la vida que allí hay (esa parte fue más documental que película) me llegó de verdad. Los viejos sentados en las puertas de sus pequeñas y viejas casitas, tomando el fresco y charlando con los vecinos. Las coloristas y preciosas fachadas de muchas de aquellas casas le otorgan un carácter mediterráneo y añejo que solo se comprende desde la aceptación de la memoria histórica de la ciudad. Incluso toda la “fauna” que siempre ha habido en esa zona ( es un barrio muy humilde con lo que eso conlleva) son cosas que quien conoce Valencia sabe que van con el carácter de la ciudad. Han estado siempre allí y forman parte de la idiosincrasia valenciana. Fue muy especial ver todo eso en una película. Era como visualizar lo que yo he vivido desde pequeño pero en 8 mm. O bueno, mejor dicho a 512 kbps. De verdad que esa película tiene algo muy especial.

No sé si alguien de fuera de Valencia la disfrutará o sabrá captar parte de ese mensaje en clave valenciana que nos deja, pero sí que puedo decir que si eres de Valencia o conoces la tierra y quieres ver una peli para reirte sin prejuicios ni complejos, (y hasta para pensar un poquito si te lo propones) esta es una grandísima ocasión.

Puede que a primera vista te parezca una apestosa creación, pero si lo intentas a lo mejor te hace aprender a valorar un poco más la cultura y la filosofía de vida que aquí tenemos. En definitiva, la cultura que cada uno tiene en su tierra. Aquí os dejo un par de trailers del film.

Vivas donde vivas, ese sitio tiene una historia que vale la pena conocer, no te niegues el placer de saborear la cultura de donde están tus raíces.

Es muy bueno estar rulando un poquito por tu ciudad. Conocerla mola, y además, te ayuda a conocerte a tí mismo. Yo ya tengo el síndrome de Valencia. Espero que tú contraigas también el síndrome de tu pueblo.

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Los Golden: El talento elevado a la cuarta

Para algunos pueden ser cuatro payasos haciendo canciones chorra. Para otros, unos cómicos que cantan. O unos cantantes que hacen comedia. Quizás también se les podría llamar showmans. Y la verdad es que para muchos son unos grandes desconocidos. Para mí lo eran. Sus nombres son Kike, Loyola, Edu y Manu, pero se hacen llamar Golden Apple Quartet.

A muchos de vosotros quizás os suenen por la que a mí me gusta denominar “canción del pollo asao asao”, y puede que por poco más. De hecho, tal vez alguno esté confundiéndolos con Les Luthiers. Hasta hace poco, los Golden sólo me sonaban de alguna esporádica actuación en la tele y por algún link tonto de esos que te pasa cualquier conocido y que puedes tener tiempo y ganas de ver, o bien puedes mandarlo al olvido con la mayor de las indiferencias.

El caso es que hace poco hicieron una función cerca de donde vivo, y solamente costaba ocho euros la entrada. No soy un entendido en la materia, pero cuando he intentado ir a alguna función de alguien más o menos conocido, los precios solían rondar el doble o el triple de esa cantidad. ¿Querría decir eso que el espectáculo no valdría la pena? No las tenía yo todas conmigo… pero a pesar de todo, no sé por qué, me hacía ilusión.

Sonrisas y lágrimas

Llegó el día de la función y el teatro estaba medio vacío, pero eso no me desanimó. El show que presentaban se titulaba Los Golden en serio. Cabe preguntarse por qué un grupo de cómicos titulan así un número, y su explicación tiene.

Una vez empezada la función, durante el prólogo, nos explicaban que el hecho de hacer humor les había encasillado de cara al público, y con el tiempo su gran sueño de cantar en el Carnegie Hall de Nueva York se había ido a hacer gárgaras. Todo por el maldito humor, así que iban a dejarse de “chuflerías”, y se disponían a empezar una nueva carrera como serios cantantes de prestigio. Aún no había terminado la introducción y ya estaban haciendo coñas.

A partir de entonces comenzó un periodo de unas dos horas en el que mi cuerpo fue un hervidero de sensaciones. Alternaban las bromas con las conversaciones serias, una canción chorra con otra de Frank Sinatra. Lo mismo les daba flamenco, que salsa, que boleros… te bordaban cualquier estilo con sus cuatro potentes vozarrones, que encajaban a la perfección en todo momento. Cuando cantaban para hacer reír, te partías la caja, y cuando se ponían a cantar en serio, se te saltaban las lágrimas. Si ya es difícil ser bueno haciendo comedia, y ya no digamos ser un buen cantante, ellos se manejaban en ambas facetas, y en las dos lo hacían de miedo. Nunca había visto a nadie con la capacidad de hacerte llorar de risa y de emoción en apenas cinco minutos. Fue una experiencia única y maravillosa.

Cuando salí del teatro, en seguida se me posó una pregunta en la cabeza. ¿Por qué estos tíos no son famosos? La pregunta, en sí, obviamente está mal formulada, porque ellos son famosos y la prueba está en que yo pagué por verlos a ellos, y no al revés. Pero, ¿Por qué unos ARTISTAZOS como estos van a pueblos donde no se llena el teatro (valiendo 8 euros la entrada) y otros con mucho menos talento petan las salas de ciudades importantes? ¿Y esos que incluso tienen programas en la tele?

A lo peor va a ser verdad eso de que “más vale caer en gracia que ser gracioso”.