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La diferencia entre ser tonto, listo ó estar loco

El ser humano, como género, es tan extraordinario y complejo que a veces se regodea en su propia complejidad para ir más allá en sus planteamientos, darle ese punto de genialidad a sus tesis que las diferencie del resto. Que las haga mejores.

De este modo, la “auténtica” sabiduría queda encriptada dentro libros infumables de leer, esculturas imposibles de entender, cuadros ininteligibles o películas surrealistas. Todo dirigido hacia unos pocos eruditos, que gracias a su “gran intelecto” captarán la esencia de todas estas formas artísticas desde detrás de sus gafas de pasta, y dentro de sus jerseys de punto con colores pastel. Picasso, Kafka o Kubrick pasan así a ser genios de la cultura, no por méritos propios (que no dudo que los tengan) sino por la fuerza con la que se grita al cielo que deben serlo. ¡Ten cuidado de meterte con ellos! El desprecio y la blasfemia pueden caer sobre tí de tal manera que te sentirás un ser simple e infame, en contra de cualquier forma de evolución.

Pero he aquí que el ser humano le da otra vueltecita de tuerca al asunto. Como era de esperar, nos gusta mucho tirarnos el moco y parecer lo que no somos, así que muchas de las personas que decían entender ese súbito arte, en realidad no hacía más que aparentar. ¡Eureka! Los artistas “modernistas” empiezan a proliferar como células durante un embarazo, dándonos más y más de ese arte tan magnífico, que sólo los listos pueden entender. Y cómo no sabemos donde está la línea entre lo sublime y lo absurdo, y sólo los listos pueden entender estas nuevas formas de arte… yo no voy a ser uno de los tontos, ¿verdad? ¡¿Quién querría ser un tonto?!

El caso es que el mundo de la cultura, de la inteligencia o de la sabiduría (llámalo como quieras) acaba maltratando a las personas que más lo quieren, lo cuidan y lo respetan (en un curioso paralelismo con nosotros, los humanos). Los estandartes de nuestra cultura terminan siendo grupos de música, actores y todo tipo de artistas introducidos en un perfecto engranaje socio-económico que hace el mundo los quiera y los respete. Tan manipulados como tú, que lees esto; y como yo, que lo escribo. Estos artistas muchas veces no son ni siquiera conscientes del tinglado del que forman parte ni del daño que le hacen al mundo de la cultura.

Y claro, ya no hay sitio para palabras recién salidas del alma, cuadros pintados con amor ni esculturas hechas con mimo. ¿Quién quiere esa mierda? Las personas no queremos parecer tontas, no queremos que nadie insulte nuestra inteligencia dándonos una forma de arte simple, directa y humilde. Queremos que nos den pinceladas de mil colores, cuerpos con varias cabezas y frases complejas de las que apenas entendamos dos o tres palabras. Quien antes era un loco, pasó a ser un genio. Quien no imite a esos genios, es un simple y un tonto.

En el mundo actual es muy fácil disfrazar nuestra existencia y convertirla en otra mucho más agradable y aceptada por los demás. Quien no tiene dinero, puede aparentar que lo tiene llevando ropa de marca. Quien no posee un alto grado de inteligencia puede hacer ver que no es así, hablando de una manera que no domina acerca de cosas que no conoce. Podemos “ser” quien nos dé la gana ser, pero en el fondo de nuestra conciencia no podemos negar que no somos nada.

Lo único que puede salvarnos de una vida vacía es darnos cuenta a tiempo de quienes somos. Aceptarnos y aceptar a los demás.

A partir de ahí ya habrá tiempo de ver películas de Kubrick, leer un libro de Kafka o echar una partida al Pro.

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