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Atrévete a llorar

Lo primero que hacemos al nacer es llorar, y puede que esa sea la única vez en la vida en la que, obviando agresiones físicas o psicológicas, alguien nos invite a ello. Que algo bueno salga de un lloro.

No está bien visto, en general. Si, por el motivo que sea, a una persona le viene el picorcillo en la punta de la nariz y percibe que en breve va a romper a llorar delante de gente, es muy probable que se recoja en sí mismo e intente hacer del acto del lloro algo imperceptible para los demás, que se tape recogiéndose de hombros y llevándose las manos a la cara de la manera más discreta posible. ¿Tan malo será llorar, que impedimos que nos vean hacerlo?

Quizás esté en nuestros genes el hecho de no querer mostrarnos débiles. Los animales en sus actos de lucha y cortejo tratan continuamente de aparentar lo que no son. Fuertes y atractivos. Descartados están para la perpetuación de la especie los débiles y desaliñados.

¿Selección natural? Sí, vale, queremos emparentarnos y sentimos simpatía hacia los del más alto escalafón, porque de esa manera nuestros descendientes serán mejores que nosotros. Vale, aceptamos barco…

Pero todo esto vale para un gorila, un león o el gato gordinflón al que alimento y sirvo en mi casa, pero… ¿para los humanos? ¿Para un género que ha descubierto la teoría de la relaitvidad, que ha desenmascarado los secretos de algo tan complejo como secuencias de ADN o que ha teorizado sobre algo tan surrealistamente maravilloso como el espacio-tiempo?

Un momento. Me olvido de algo. El género humano también es capaz de lapidar y cortarle el clítoris a las mujeres, dejar morir de hambre y enfermedad a la gente o sencillamente asesinar a personas. Privar deliberada y premeditadamente a alguien de su vida. Hacer que deje de existir.

No, no nos diferenciamos tanto del gorila, del león o del gato gordinflón. Incluso diría que éstos tienen más “calidad humana” que muchos de nosotros, los humanos.

Han existido personas tan crueles como Calígula, Hitler o Pinochet. Pero es que también ha habido otras como Gandhi, Bob Marley o la Madre Teresa de Calcuta.

No, no puedo, me niego a creer que todo está perdido. Tengo que creer en el ser humano. Para bien y para mal ha demostrado ser realmente extraordinario.

Por eso precisamente te animo a llorar. No todo está perdido y es posible que si necesitas llorar y lo haces delante de gente, no te sientas débil, porque no eres débil. Incluso puede que ni siquiera los que te ven llorar te consideren débil. Débil es quien vive con miedo, tratando de proyectar una imagen irreal de sí mismo, para que le consideren fuerte y atractivo, y así conseguir amigos y parejas igual de débiles que él.

Si eres alguien sensible y de vez en cuando lloras, ábrete a los demás.

Eso sí, puestos a soltar la lagrimona fácil, no olvides una cosa: llorar no tiene por qué ser algo triste, también se puede llorar de alegría.

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