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¡Cortapelos a un euro!

Me gusta el programa ¡Anda ya!, de los Cuarenta. Cuando trabajaba recorriéndome las notarías y los Registros de la Propiedad de la geografía valenciana, este magnífico programa de radio me ayudaba a sobrellevar los kilómetros y el estrés que supone estar todo el día de arriba para abajo.

Esta semana he tenido ocasión de volver a escucharlo despues de un tiempo y siguen igual de graciosos. Y haciendo la misma ingente cantidad de publicidad. El programa es para todo el territorio nacional, pero en la publicidad desconectan y los anuncios son locales ó provinciales. Y un anuncio martilleaba en todas y cada una de las pausas comerciales durante esta semana.

“¡Aniversario de Saturn (tienda de artículos electrónicos) en Valencia! ¡Miles de artículos super-rebajados! ¡Freidoras a 4 euros, secadores a 2 euros, cortapelos a un euro! Jueves 28 mayo de 00.00 a 03.00”

Me quedé flipado con ese anuncio. Si no fuera porque lo repetían hasta la saciedad habría pensado que fue un sueño o una equivocación. Abrían una gigantesca tienda 3 horas con un porrón de artículos con un precio ridículo. ¡Y de madrugada! Aquello me olió mal, muy mal desde el principio. Pero como soy joven y aun la vida no me ha dado todo lo que me tiene que dar, lo reconozco. Mordí el anzuelo. Se lo comuniqué a mis allegados e incluso les dije si querian que les trajera algo. Era el momento de tener detalles con los allegados. ¡Por Dios, cortapelos a un euro!

La primera en la frente. El anuncio decía claramente: Jueves 28 de mayo de 00.00 a 03.00. De toda la vida de Dios (que me corrija alguien si me equivoco) ese horario corresponde a la noche del miércoles al jueves,  ya que las 03.00 del jueves son las 3 primeras horas de ese día. Allí estábamos mi novia y yo, más un reducido grupo de gente que también había interpretado que el anuncio se refería al miércoles por la noche. El resignado vigilante de seguridad nos tuvo que informar de que no, que abrían mañana. Tímidas protestas de algunos. Aceptamos barco.

Ya con la mosca detrás de la oreja, me pregunto si ir o no el jueves a la madrugada. ¿Habrá gato encerrado? Bueno, esa tienda está cerca y al lado está la playa, con lo que al menos un paseo agradable te podías dar si la velada resultaba un chasco. Acuerdo con mi novia volver a la noche siguiente. Total, no éramos muchos los de la noche anterior y era de madrugada, ¿cuánta gente podría llegar a ir?

Saturn, la avaricia me vicia

Un kilómetro antes de la salida que lleva a la tienda, el tráfico comienza a ser denso. A la altura de la salida ya estamos en pleno atasco. Cientos y cientos ¡Y cientos! de coches se aglomeran en los alrededores de la zona. La zona que cada vez abarca más. ¡Media Valencia estaba aquella madrugada en una tienda de electrónica! Con el parking absolutamente colapsado, la gente aparcaba en cualquier sitio. Las rotondas, la misma mediana de la carretera, el polígono industrial de al lado. La gente cruzaba la mediana casi sin preocuparse de los coches que estábamos pasando por medio. Iban corriendo. ¿Pero nos hemos vuelto locos?

Por fin llegamos a la altura de la tienda. El atasco es de órdago. Tenemos mi novia y yo un buen rato para sopesar si quedarnos o dar la vuelta en la siguiente rodonta (si los coches nos dejan) y marcharnos. Le pregunto qué quiere hacer y me dice que le hace ilusión por quedarse, a ver qué pasa. Bueno, podemos vivir la experiencia, ¿no? Pasamos muy cerca de la tienda y tenemos ocasión de visionar parte de lo que ocurre en el parking. Vemos ambulancias en la puerta de la tienda. La guardia civil y la policía local también están llegando. El ambiente es casi irrespirable, en cualquier momento podían haber disturbios. Familias enteras están cruzando por delante de mi coche, semi-parado en el atasco. Tengo que apartarme a la derecha, un SAMU con las luces y la sirena puesta pide paso. No me quiero quedar “a ver que pasa”. Nos vamos.

Regresamos a casa y contamos lo ocurrido a la familia. Les avisamos que si quieren verlo que pongan Canal 9 (tv valenciana) el día siguiente, que seguro que se enteran.

Ayer viernes sale la noticia en todos los informativos locales. Hoy me encuentro con este artículo de alguien que sí quiso quedarse. Menos mal que, con la cabeza fría, decidí irme.

He pensado mucho sobre este hecho. Mi principal idea era que había tanta gente porque muchos querían comprar mucha cantidad para revender, con todo esto de la crisis. Pero en cuanto empecé a ver toda la gente joven y las familas enteras corriendo cual riada desbocada, ese argumento desapareció. Pero ¿por qué? Entiendo que alguien se quiera aprovechar de un “chollo”, pero lo que pasó ese día me ha hecho pensar mucho. Fue lo más parecido a una guerra que he visto. Y la gente se pisoteaba sin irle la vida en ello, ni muchísimo menos. Hubo una “batalla campal” por ahorrarse x euros en artículos de casa.

La selva de asfalto

Una idea me sobrevoló la cabeza. ¿Hasta donde hubiera llegado el incidente si en vez de secadores estamos hablando de algo más serio?

Definitivamente, el material con el que está hecho el orden cívico y la tranquilidad de la que se goza en un país desarrollado y democrático como España, es muy frágil. Puede resquebrajarse enseguida.

Después de todo lo acontecido (y eso que no ha sido un golpe de Estado ni nada que se le parezca) me convenzo de que no estamos a salvo en ningún sitio. Da igual en qué país estemos, los seres humanos seguimos imponiendo nuestra necesidad personal al bienestar común. Somos capaces de hacernos mucho daño por poquito que tengamos que ganar en ello. ¿Qué va a pasar el día que a España vuelvan los fantasmas de la guerra, con una sociedad tan alterable y desunida?

Macaco me ha ayudado a ver un poquito más la importancia que tiene que nos aceptemos y nos queramos. Vernos como algo propio, no como extraños. Y creo que cada vez somos más los que estamos, poco a poco, despertándonos. O al menos eso quiero pensar. El problema es que no queda demasiado tiempo.

“Primero vinieron a por los comunistas,
Y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron a por los judíos,
Y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron a por los católicos,
Y yo no hablé porque era protestante.
Después vinieron a por mí,
Y  ya no había nadie para ayudarme”

Martin Niemöller

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