La frecuencia de la comunicación

Siempre me ha llamado poderosamente la atención la forma en la que la gente se relaciona y forma vínculos, así como los motivos por los que estos vínculos pueden acabar rompiéndose. Incluso he pensado mucho acerca de los vínculos que podrían haberse formado y sin embargo no lo han hecho. Por qué la gente se entiende y se deja de entender, o por qué nunca llega a entenderse.

Ya desde bien pequeño me entretenía escuchando y analizando conversaciones ajenas, discusiones familiares e incluso mis propias relaciones personales. Y lo hacía con el firme convencimiento de que debía existir la forma en que las personas, incluso con todas nuestras diferencias, pudiéramos llevarnos bien. La forma de aprovecharnos de todo lo que nos unía y de quitarle importancia a las cosas que nos separaban, para beneficio de todos. De buscar el modo, simplemente, de entendernos.

De ésta forma, intentando comprender por qué muchas personas no se entendían aun teniendo capacidad para entenderse, me convencí de que el problema principal estaba en la forma en la que las personas se comunicaban. Y lo hice una fría mañana de otoño en clase de Lenguaje, cuando estudié por primera vez la comunicación.

Me enteré de que en toda forma de comunicación había tres elementos básicos: emisor, receptor y mensaje. Estos tres elementos debían relacionarse de forma casi perfecta para que la información fuera transmitida y la comunicación tuviera éxito. Si al menos uno de los elementos fallaba, la comunicación se distorsionaba y se perdía información en el mensaje.

Además, ésta información debía emitirse en un código, cifrado por el emisor del mensaje y que debía ser descifrado con éxito por el receptor del mismo. De este modo, el emisor tenía que transformar la información que quería transmitir en algo que el receptor pudiera entender perfectamente. Por si fuera poco, aún había que tener en cuenta cosas como el canal usado para la comunicación o el contexto situacional en el que pretendía establecerse la misma.

Explicado así, la comunicación parece enrevesada en la teoría y sencilla en la práctica. Cuando se trata de entregar un mensaje simple, es normal que no haya problemas para que nos entendamos. Pero cuando hay que desgranar un pensamiento, un sentimiento o establecer una interacción con alguien, a veces no es nada fácil comunicarse.

Aquella fría mañana de otoño en clase de Lenguaje, la comunicación me pareció algo tan interesante como jodidamente complicado. Definitivamente, me parecía normal que hubiera tantos problemas entre las personas a la hora de entenderse, evitar conflictos o solucionar problemas. Con lo complicado que era todo, lo realmente difícil era que no hubiera problemas de comunicación. Antes o después, siempre aparecen malentendidos que pueden acabar afectándonos. Para comunicarse de forma perfecta, me parecía que había que ser poco menos que un premio Nobel.

A partir de conocer a grandes rasgos los elementos que intervenían en la comunicación, empecé a aplicar esos conceptos a casos prácticos, tanto de personas que me rodeaban como de mí mismo, y continué encontrando respuestas. Para que dos personas se entiendan, no basta con que hablen el mismo lenguaje y se digan lo que se tengan que decir. Intervienen algunos factores externos y sobre todo un mundo de factores internos a nosotros mismos que nos influyen de forma decisiva a la hora de comunicarnos.

Las personas, nosotros que somos continuos emisores y receptores de información, tenemos mayor interés en comunicarnos con unas personas que con otras. Hay quien tiene gran éxito en sus relaciones sociales y quien no lo tiene en absoluto; bien sea por inteligencia, por atracción física, por interés, por aprecio personal o por eso tan relativo como es tener química o feeling.

Con el tiempo, acabé viendo la comunicación entre personas de una forma más simple: como una interacción de seres que emiten y reciben información a una determinada “frecuencia”.

Nuestra forma de ser y nuestra forma de actuar con otras personas son muy importantes para tener éxito en la comunicación. La frecuencia de una persona la forman cosas como el tono que usa, la atención prestada al interlocutor, el énfasis mostrado o la forma en la que interpretemos gestos y señales. Son un montón de pequeñas actitudes propias y personales de cada uno,  que mandan mensajes constantemente a quien tenemos delante, como si fuera una especie de frecuencia que estamos emitiendo todo el rato sin darnos cuenta. Puede que a nuestro interlocutor no le guste la  frecuencia a la que nos estamos comunicando. En ese caso, esta frecuencia toma más importancia que el mensaje principal, y las posibilidades de éxito en la comunicación descienden bruscamente.

De acuerdo con esto, para que una persona potencie sus relaciones sociales y se comunique mejor debe ampliar la cantidad de frecuencias a las que es capaz de comunicarse, ampliando de este modo el número de personas con las que puede congeniar. Y también conocer la propia frecuencia para tener control sobre ella.

Dicho de otro modo mucho más sencillo,  abrir la mente. Abrirla a frecuencias distintas a la propia, para poder entender mejor a los demás. Para que los demás nos entiendan mejor a nosotros.

Muchos años después de aquella fría mañana en clase de Lenguaje, y dentro del proceso constante de abrir mi mente, me interesé por la meditación y esto me llevó a descubrir una sorprendente característica de nuestro cuerpo. Me enteré de que nuestro propio cerebro trabaja con ondas a determinadas frecuencias y que nosotros podemos tener cierto nivel de control sobre ellas en momentos determinados.

En un estado de estrés o tensión, el cerebro trabaja con ondas ram-alta, a una frecuencia superior a 30 hercios. En un estado mental normal, consciente y alerta, nuestro cerebro trabaja con las llamadas ondas beta, a una frecuencia que varía entre 15 y 30 Hz. En un estado mental de relajación, el cerebro trabaja con ondas alfa, a una frecuencia de entre 9 y 14 Hz. Si la relajación es mucho mayor se llega a un estado de vigilia y armonía, con el cerebro trabajando con ondas theta (4-8 Hz), y si la relajación es total se llega a un estado de sueño profundo sin dormir, meditación profunda o hipnosis, trabajando el cerebro con ondas delta (1-3 Hz).

Dentro de este amplio abanico de frecuencias, nuestra mente puede alcanzar varios estados. Mediante estos estados se estimula la creatividad, la solución de problemas y se pueden llegar a sentir las emociones de una forma mucho más nítida.

Tras conocer estos procesos, me di cuenta de que podían tener una ligera similitud con mi teoría de que las personas funcionamos con determinadas frecuencias a la hora de comunicarnos. Dentro de nuestra mente también existe un proceso en el que se transmite información entre un punto y otro, cifrado en un código determinado y mediante un canal concreto. Gracias a estas frecuencias, se produce un proceso de comunicación dentro de nosotros mismos.

Nuestra mente trabaja a diferentes frecuencias y podemos llegar a tener un conocimiento muy profundo de cosas que estaban en nosotros pero que no habíamos podido entender hasta que no hemos sintonizado correctamente para poder hacerlo. Un conocimiento mayor de nuestra mente que nos lleva a captar y comprender las cosas de una forma muy distinta. O dicho de otro modo, a vivir la vida en otra frecuencia.

Cuando la comunicación es sencilla, todo es más fácil. Todo es mejor.

Aprender a comunicarte con los demás hará tu vida más fácil. Aprender a comunicarte contigo mismo, hará tu vida mejor.

Cuando sintonices la frecuencia adecuada y puedas oír la canción, seguramente desearás con todas tus fuerzas que no pare la música.

6 Respuestas a “La frecuencia de la comunicación

  1. Hola, Filósofo. Ya te echaba de menos. Pensé por un momento que la pereza se había apoderado de ti como lo hizo conmigo y que habías desaparecido de estas “ondas”. Me alegro de que no haya sido así.
    Creo que todos podríamos comunicarnos con todos. Salvo algunas excepciones, casi todo el mundo tiene la capacidad. El problema viene del esfuerzo que requieren algunas de estas comunicaciones. Cuando compartes con tu interlocutor código, canal, contexto y esos factores internos y externos de los que hablas, la comunicación es fluida y apenas requiere esfuerzo. En caso contrario, es casi una tortura.
    Es algo parecido a lo que sucede cuando hablas con un niño. El esfuerzo es tremendo pero también lo suele ser la motivación (en caso contrario, se soluciona todo con el socorrido:”hola, guapo, ¿cuántos años tienes?”, y se obvia hasta la respuesta.)
    Se nota fácilmente cuando encuentras alguien con quien compartes todos esos elementos. La comunicación es fácil, casi no te das cuenta, excepto porque te sientes de maravilla. Piensas: “eso justo es lo que yo opino, como si fueran mis propias palabras”. Por eso, preferimos este tipo de comunicación. Nos aporta mucho con poco esfuerzo.
    Un saludo, Filósofo.

  2. Pingback: Tweets that mention La frecuencia de la comunicación « El Filósofo Loco -- Topsy.com

  3. Querido Amarillo,

    Me hace ilusión leerte de nuevo y además sobre un tema tan interesante como es el de la comunicación.

    Tengo ganas de comentar sobre tu post, lo haré a la vuelta de mis vacaciones sin falta.

    Un abrazo,

    ëlle

  4. Como ya te dije hace unos días, te felicito por haber vuelto con un gran artículo.

    Tras una segunda lectura, me ha resultado muy interesante la parte donde profundizas en las frecuencias. Además de que no conocía las distintas frecuencias a las que puede funcionar nuestro cerebro, y me ha parecido fascinante y digno de estudio descubrirlo, creo que sin lugar a dudas estas frecuencias terminan de moldear o distorsionar el mensaje, que es a su vez la parte más importante, con diferencia, del proceso comunicativo.

    Por eso yo habría puesto más enfasis en el concepto del mensaje, ya que en teoría su importancia es capital en la comunicación. Y digo en teoría, porque en la práctica, si debo considerar todo lo que presencio a mi alrededor todos los días como comunicación, creo que algo falla; se habla mucho, pero se transmite muy poco. ¿Qué nos pasa? Fíjate en el contenido y en las expresiones de cualquier conversación que presencies en plena calle, o en cualquier bar o comercio; ¿realmente están diciendo algo? ¿podemos considerar “eso” comunicación?.

    Son preguntas de difícil respuesta, pero en cualquier caso, la comunicación no debería ser jamás un sinónimo de pérdida de tiempo. Y mucho más sabiendo que un ser humano siempre tiene algo que contar.

    Nos leeemos. Un abrazo🙂

  5. Tu post es muy interesante y me hizo recordar a un libro que he leí hace poco y que se llama “Curación Emocional” del Doctor David Servan-Shreiber. ¿ Igual lo has leido? Es un libro muy curioso que trata no sólo de metodos naturales para acabar con el estrés, la ansiedad y la depresión pero también que explica el funcionamiento del (los) celebro (s) (emocional/ cognitivo) y del corazón para establecer una relación, la de “coherencia cardíaca”. Se acerca mucho de lo que dices sobre las ondas del cerebro. Él nos dice, trás experiencias realizadas (personas con monitoring cardíaco) que, cuando estamos en un estado de relajación, de bien estar, estamos en “coherencia cardíaca” y cuando estamos estresados, al contrario estamos en “caos” (latidos del corazón muy irregulares). Más allá, nos aprende cómo podríamos hacer para llegar a la coherencia cardiaca y una de las propuestas es justamente la de la meditación. Ahora, como sé que existe una relación intíma entre mis emociones y mi ritmo cardíaco, me siento más capaz de regularlo y de poder controlarme para llegar a un estado de coherencia.

    En este mismo libro, habla también de la comunicación emocional y pone énfasis en cómo evitar la violencia en la comunicación. Por ejemplo, una cosa importante es evitar todo juicio respecto del otro para concentrarse totalmente en lo que siente, así el otro no puede decir que no es cierto. Y más cosas muy interesantes, pero voy a resultar pesada, mejor leer el libro directamente😉

    En fín, este tema es apasionante y no tiene limites.

    Y esta frase, te la cojo, vale? “Aprender a comunicarte con los demás hará tu vida más fácil. Aprender a comunicarte contigo mismo, hará tu vida mejor.” Gracias!

    Un abrazo,

    ëlle.

    PD: si he entendido bien tu post, esto sería otra frecuencia de la canción. (Me gusta mucho la tuya, please let’s play…)

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