Los estímulos y la empatía

Nuestro sistema nervioso es extraordinariamente complejo. Se vale de multitud de células formando tejidos que nos hacen reaccionar ante los estímulos externos. Además, todos estos tejidos están en permamente conexión con algo aún más complejo si cabe, la parte del sistema nervioso que lucha por darle sentido a todo, el cerebro humano.

De esta conexión nace una amistad preciosa e inseparable. Dentro de nuestro sistema nervioso existe una pareja un tanto extraña capaz de crear maravillas cuando conecta bien. Maravillas que se dan cuando somos capaces de saber asimilar tanto los estímulos que se producen en nuestro cuerpo como los que se producen dentro de nuestro cerebro, en nuestra mente. Cuerpo y mente, una preciosa pareja capaz de hacernos sentir por nosotros mismos una preciosa cualidad: la empatía.

Algunos estímulos físicos pueden dar lugar a sentimientos, reflexiones o pensamientos. Igualmente, los sentimientos, reflexiones o pensamientos fabricados en nuestra cabeza nos pueden aportar sensaciones a nivel físico.

De este modo, algo externo y físico, como una caricia, nos puede evocar hacia sensaciones internas que nos hagan tener sentimientos y pensamientos, como por ejemplo, sentir afecto hacia alguien.

Y exactamente igual, algo interno como una profunda reflexión, nos puede hacer tener sensaciones físicas externas como, por ejemplo, ganas de llorar o la llamada carne de gallina. Incluso puede hacernos tomar decisiones que repercutirán directamente en nuestro cuerpo.

Esta pareja es inseparable porque hay ocasiones en las que no se puede concebir lo que proporciona uno sin lo que provoca en el otro. Es difícil imaginar que entendemos las sensaciones que nos produce nuestra canción favorita sin que nos excite, nos haga pensar o nos tranquilice. Tampoco sería muy congruente entender que te fundes en un sentido abrazo con alguien y no se te estremecen las carnes ni exhalas un profundo suspiro de alivio y cariño. Lo que sientes en tu mente puede estar muy ligado con lo que sientes en tu cuerpo, y al revés.

Sin embargo, hoy en día las sensaciones están por todas partes. Las necesidades son cubiertas antes casi de aparecer, y ese es un duro golpe para nuestro sistema nervioso, algo que perjudica la conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente. Un golpe que los atrofia por exceso. Tenemos demasiadas sensaciones como para poder valorarlas como lo que son, algo real.

Sentimos demasiado, tenemos demasiados estímulos al alcance y dejamos de valorar lo que realmente suponen o podrían suponer esos estímulos en nuestra vida. De este modo, la empatía se convierte en una sensación extraordinariamente difícil de sentir. Me explicaré de una forma fácil:

-Estamos comiendo en nuestra casa, mientras suena de fondo una serie de televisión. Intermedio. Anuncio de una ONG o alguna asociación pro-Derechos Humanos. Nos dicen que en países del tercer mundo mueren al día cientos de niños por hambre y enfermedades. Cucharada de sopa. “Ay que ver, no hay derecho”. Masticamos un trozo de pan. Anuncio de tráfico, con una escena de una colisión frontal en primer plano. Bebemos para tragar. Vuelve la programación habitual. Nos reímos con el primer chascarrillo de la serie de turno.

En este corto espacio de tiempo hemos tenido estímulos externos suficientes como para provocar al menos una pequeña reflexión en nuestro interior. Reflexión que, en un caso extremo, podría incluso modificar sensiblemente el rumbo de nuestra vida. Pero no ha sido así. ¿Por qué? Porque vemos demasiados anuncios como esos. Escuchamos demasiado sobre desgracias ajenas, y ya es repetitivo. Cansino, si me apuras. Aburrido, falto de emoción aunque seamos conscientes de que son cosas reales.

Otra estampa:

-Vamos caminando por la calle, y nos detenemos en un semáforo que está en rojo para peatones, verde para coches. Pasado el tiempo establecido, se torna en verde para peatones y ámbar (precaución) para coches. Un coche con un conductor demasiado estresado se pasa de frenada confundiendo ámbar con verde, invade el paso de cebra y atropella a un anciano dos metros delante de nosotros. Tragedia. Decenas de personas se agolpan en el escenario mientras los más rápidos en reflejos intentan socorrer al anciano, pero es tarde, el buen hombre está reventado por dentro, dejando sangre a escasos centímetros de nuestros zapatos. Aún podemos verle el rostro, con los cojos abiertos de par en par y la cara desfigurada boca arriba.

En este fugaz momento, sin duda impacta mucho más la trágica y rápida muerte de un anciano de clase media que la lenta y agónica muerte de cientos de niños todos los días. ¿Por qué? Porque eso nos toca de cerca, es algo que puede que no nos pase nunca. Y es real.

Presenciar un grave accidente de tráfico es un hecho aislado al que no estamos acostumbrados y, debido a ello y a la gravedad de la situación, nuestra forma de ver la vida de una u otra forma puede cambiar. Tomamos consciencia de la gravedad de ciertas situaciones sólo al tenerlas delante de los ojos. A veces hay que tener demasiado cerca el dolor de otros para sentirlo como propio.

Casos como estos dos ejemplos que he expuesto pasan a diario en cientos de vidas de personas como tú y como yo, aunque quizás no signifique mucho para nosotros porque aún no nos ha tocado vivir ninguno similar.

Quizás nos demos cuenta por culpa de un accidente de tráfico como ese. Tal vez lo vivamos el día en que logremos superar un cáncer y decidamos dedicar una pequeña parte de nuestra vida a ayudar a la gente que ha pasado por ese trauma. O cuando, debido a la crisis, nos veamos obligados a pedir o robar para mantener a la familia. Quizás lo vivamos el día en que una persona querida se nos muera debido a una negligencia o a una injusticia.

Es extraordinariamente difícil tener la fuerza mental para coger las riendas de nuestra vida sin que haya una circunstancia fatal que nos haga tomar conciencia de lo importante que es hacerlo. Muy pocos lo logran. Hay que tener una empatía y una voluntad enormes.

Hasta entonces, y para la mayoría de nosotros (los no tan fuertes)  lo normal es que sigamos viviendo con sucedáneos de sentimientos, con sucedáneos de sensaciones, con sucedáneos de reflexiones. Lo normal es que no sepamos asimilar ni valorar los estímulos externos e internos que hay a nuestro alcance. Lo normal es que sigamos viviendo con el sucedáneo de una vida completa.

O quizás no. Quizás nuestro cuerpo y nuestra mente nos haga sentir por nosotros mismos la empatía y queramos hacerlo sin que tenga que ser la vida la que nos obligue.

Pero sólo quizás.

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9 Respuestas a “Los estímulos y la empatía

  1. La empatía es verdad, es una cualidad preciosa …

    Estoy muy de acuerdo con lo que dices: nos pide menos esfuerzos sentir empatía en situaciones familiares. Partiendo de esto, nos parece más lógico, más adaptado, compartir nuestros problemas con personas que hayan vivido una situación parecida. Por ejemplo, una persona que sufre de infertilidad, se siente más escuchada, más entendida, al hablar en un foro dedicado a esto, que con un amigo, padre de dos hijos.

    …La empatía es una cualidad preciosia y todavía más cuando nos conduce hacía la solidaridad.

    ¿Porque sentimos más empatía hacía una persona que vive cerca, que conocemos que hacía una persona que vive lejos? ¿Porque creemos, por ejemplo, que los clandestinos en nuestro país tienen más derecho a nuestra ayuda que sus compatriotas que se han quedado en sus países?
    ¿Porque sentimos más empatía hacía algo que nos pasa delante de los ojos?¿Porque nos resulta más fácil, por ejemplo, ayudar a una persona que tuvo un accidente de tráfico delante de los ojos que ayudar a los niños hambrientos en África?

    Puede parecer muy incoherente sentir empatía de forma arbitraria pero no lo es realmente.

    En los dos casos, las personas necesitan ayuda, pero en una cierta situación somos capaces de ayudarlas sin muchos costes (el clandestino que vive al lado, la victima del tráfico), mientras que delante de los millones de inmigrantes potenciales o de los niños hambrientos, una vida entera de sacrificios no podría cambiar la situación.
    Es la conciencia de estos distintos costes y beneficios (N. Baumard 2008) que explicaría que las mismas desgracias no suscitan los mismos gestos solidarios.

    (Juanjo, es verdad que suelo escribir poco o que sea muy breve. No es que no me gusta desarrollar lo que digo. Como lo habrás notado por los errores, soy francesa y el español todavía no lo he “domesticado” del todo (no sé si se puede decir..) . A veces me escapa un poco, pero estoy en ello y espero que con tiempo, un día, lo dominaré . O casí. )

    • Violaine, muchísimas gracias de nuevo por tu tiempo. Tengo una gran suerte, y es que al blog entran pocas personas a comentar, pero casi todas con algo que decir, con palabras salidas de la reflexión. Estoy felicísimo de volver a leerte de nuevo.

      Estoy muy de acuerdo con lo que dices “Puede parecer muy incoherente sentir empatía de forma arbitraria pero no lo es realmente. En los dos casos, las personas necesitan ayuda, pero en una cierta situación somos capaces de ayudarlas sin muchos costes (el clandestino que vive al lado, la victima del tráfico), mientras que delante de los millones de inmigrantes potenciales o de los niños hambrientos, una vida entera de sacrificios no podría cambiar la situación.”

      … y he de decirte que me resulta realmente triste que eso sea así, porque significa que la situación realmente grave, la que tenemos lejos, está rodeada de tal maraña de intereses, que una sola persona o un solo grupo de personas jamás podrían cambiar aun dedicando todos y cada uno de los segundos de su vida y todas y cada una de sus gotas de sangre.

      Como escuché hace poco: “Nadie quiere ver lo que hay debajo de las piedras del jardín. Y menos si ese jardín está lejos y destrozado”

      Y me resulta tan triste porque ese sentimiento aumenta la tendencia a dejar de lado a quienes tenemos lejos, potencia que la sociedad en su conjunto lo vea como una causa perdida, o como algo que tiene que arreglar “los demás”.

      No obstante, siempre tiendo al optimismo y sigo sintiendo que algo va a cambiar, y que un día surgirá una conciencia colectiva real capaz de hacerse cargo, no sólo de las penurias de los suyos, sino que sea capaz de ver al planeta Tierra como su madre y luchar por él. Posiblemente ni tú ni yo lo veamos, pero estoy seguro de que sucederá. Lo que me pregunto es si para entonces ya será demasiado tarde… y algo me dice que será antes de lo que parece. Las miles de vidas de quien se preocupa en hacer un mundo mejor no caerán en saco roto.

      He intentado buscar en internet un documento acerca del altruismo relacionado con N.Baumard 2008 y no he encontrado nada relacionado, aunque sí he encontrado uno en pdf bastante relacionado http://www.institucional.us.es/revistas/revistas/themata/pdf/41/37viciana.pdf

      Si cuando nombras a N. Baumard (familiar tuyo ¿?) te refieres a que existe un estudio o documento elaborado acerca del tema, me encantaría que me pasaras el link porque estoy muy interesado en leerlo.

      Leyendo la parte final de tu comentario veo que recibiste mi e-mail, y quiero reiterarte todas y cada una de las palabras que en él figuran. Un millón de gracias y enhorabuena por tener tan inmenso corazón. Espero no te haya molestado mi atrevimiento. Y muchas felicidades por tu nivel de español (suponía que serías francesa, o belga…) si eres capaz de leer y entender textos pedantes como los míos, sabes más que la una buena parte de los españoles.

      Gracias por haber aparecido “de la nada” como si fueras un ángel.

      Muchas gracias.

  2. Te paso el link de las publicaciones de N.Baumard (mi hermano), algunas de sus publicaciones están en inglés:

    http://sites.google.com/site/nicolasbaumard/Publications

    Me he acordado de tí el otro día porque mi hermano me dijo que iba a participar a una emisión de radio “France Culture” sobre la problemática ” ¿Está la empatía innata?”. Creo que te podría interesar.

    Espero que este fin de semana será el mejor de mi vida porque ha empezado bastante mal, se canceló mi vuelo…

    Que te vaya muy bien todo,

  3. Pues en un tono más ligero pero que también me parece interesante, tu post me ha traido este otro a la cabeza: http://www.quierosalvarelmundohaciendomarketing.com/yporqueno/algunas-neuronas-todos-los-gays-dos-mujeres-y-un-museo/

  4. “Esta pareja es inseparable porque hay ocasiones en las que no se puede concebir lo que proporciona uno sin lo que provoca en el otro. Es difícil imaginar que entendemos las sensaciones que nos produce nuestra canción favorita sin que nos excite, nos haga pensar o nos tranquilice”

  5. Supongo que, en general, todos actuamos como los médicos que se enfrentan todos los días con el dolor y la muerte. No es que no sientan el dolor de sus pacientes, sus miedos, sus llantos; es que deben sobreponerse a esos sentimientos, aislarlos, para poder seguir trabajando y curando o salvando más vidas. Creo que seríamos incapaces de soportar sobre nosotros el dolor del mundo y seguir viviendo. Te dejo un vídeo que, tal vez, explica mejor esta idea que he expuesto tan mal.

    En el fondo, todos sentimos empatía en la medida de nuestras posibilidades (aunque bien es cierto que algunos esa empatía la tienen atrofiada o dormida).
    Me encanta leer tus reflexiones, siempre me haces plantearme multitud de preguntas.
    Saludos. Desira

  6. Violaine, gracias por el link a las publicaciones de tu hermano. He ojeado un poco algunos textos y son realmente interesantes, para dedicarles una buena parte de tiempo. Lamentablemente no escucharé el programa de radio porque no entiendo el francés, aunque me encantaría aprenderlo.

    Por otra parte, déjame decirte que la pieza musical de Yann Tiersen que has colgado es una de las más bonitas que he escuchado en mi vida. Es tan bella que se me ha hecho imposible no llorar.
    Me diste las gracias por el texto de Esmeralda, hoy tengo yo que agradecerte a ti que me hayas descubierto todos los sentimientos que esta canción podía aportar a mi sistema nervioso. A mi cuerpo y a mi mente. Has captado perfectamente la esencia del texto. De algún modo, hemos compartido un poco de empatía, y me parece maravilloso. De corazón, gracias!!!

    Desira, efectivamente sería imposible sentir todo el dolor que hay tanto a nuestro alrededor como lejos de nosotros, tanto pasado como presente. No se podría vivir sin ello. El problema es que nos habituamos a no sentir, y se convierte en habitual.

    Tienes razón Vir, estos dos textos son visiones y reflexiones totalmente distintas pero con el denominador común de la empatía. Gracias por la recomendación.

  7. Si, probablemente lo sea

  8. Hola filósofo, y hola también a tod@s los que habéis comentado el artículo (muy buena la canción de Yann Tiersen, y muy bueno también el vídeo de Desira).

    Dos de las grandes virtudes de este blog son, para mí, que muchos de los artículos son atemporales -se pueden leer con el mismo interés cuando se publican que un tiempo después- , y que están bien escritos. Ambas quedan reflejadas en este texto.

    La empatía es sin duda una de las cualidades más complejas de la personalidad sobre las que podemos debatir.

    Estoy en parte de acuerdo con Desira: todos podemos sentir cierta empatía. Hay algo que me llama especialmente la atención, y es que siempre se asocia la empatía a la desgracia ajena. Es decir, yo me siento bien, y si empatizo con alguien que se siente mal, automáticamente paso a sentirme como esa persona. ¿Se podría dar esa situación a la inversa? ¿Podría sentirme mal y, acto seguido, empatizar con alguien que se siente bien y pasar yo a sentirme así de bien?

    También hacéis hincapié en la diferencia entre empatizar con una desgracia cercana y otra lejana, en el espacio o el tiempo. Me parece algo totalmente normal, como la misma percepción. La mente no genera ese sentimiento con la misma intensidad presenciando que imaginando. Y también se produce un gran salto en la empatía, en ponerse en la piel de alguien, cuando atraviesa por una situación que nosotros hemos vivido. Ésta sí es, sin duda, la empatía en mayúsculas. Para mí, el resto de niveles son sucedáneos de la misma.

    Me quedo con una frase que he leído fuera del artículo, filósofo: “las miles de vidas de quien se preocupa en hacer un mundo mejor no caerán en saco roto”. Que alguien te oiga.

    Un abrazo a tod@s

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