Tener la razón

Tener la seguridad de algo nos otorga placer. Es una sensación reconfortante que te hincha el pecho cual gallo de corral para defender tu posición, porque tu posición es la correcta. Puede que seas más o menos reservado, y tu reacción ante un ataque hacia tus argumentos (que no olvidemos, estás seguro de que son los correctos) no sea muy escandalosa, pero sentirás por dentro esa indignación de cuando te niegan en tu cara algo que es verdad. ¿Por qué? Pues porque tú crees tener la razón.

La palabra “razón” proviene, como muchas otras, del término griego logos, que significa palabra meditada, pensada o razonada. Por lo tanto, en términos comunicativos, decir algo teniendo razón supone, por defecto, una ventaja para ser cierto ante otra postura que carece de ella. Vamos, que lo que tiene razón se acaba dando por cierto, y por eso cuando uno tiene la razón (o cree tenerla) puede defender sus argumentos hasta Dios sabe qué límites.

Otro tema es cuando dos posturas tienen razón, o cuando ambas carecen de ella pero creen tenerla. En esos casos el empecinamiento de las partes puede recrudecerse hasta una confrontación que traspase la cuestión de fondo que se está debatiendo, sobre todo cuando hay más intereses que el puramente comunicativo. Es entonces cuando, con “su” verdad por bandera, el ser humano es capaz de jugarse el resto en una partida en la que, como en la vida, la banca siempre gana.

Es la razón, esa maravillosa cualidad que tiene el ser humano para pensar, la que nos guía en nuestros actos, en nuestras conversaciones y en todo cuanto nos rodea. Todo está articulado en base a la razón.

Para otorgar coherencia a todo hecho o suceso, la razón se basa en unos principios que den sentido lógico a las proposiciones. Estos principios inicialmente formulados por pensadores griegos como Aristóteles o Platón han venido formando parte de la estructura básica  de la lógica, en torno a la que se se puede tener razón cuando se habla o por el contrario estar completamente equivocado. Pueden parecer complicados de entender o directamente una chorrada, pero por medio de estos mecanismos se pueden desmontar los argumentos más vehementes.

-El principio de identidad. Hace posible que identifiquemos algo y le otorguemos una única identidad. x es x.

-El principio de no contradicción. Determina que una cosa no puede ser algo y a la vez no serlo. x no puede no ser x.

-El principio de tercero excluido. Descarta la posibilidad de que haya una situación intermedia entre el ser y el no ser de una cosa. x es x o no lo es. No hay tercera opción.

-Aunque menos extendido, hay también un cuarto principio, el principio de razón suficiente. Este mecanismo decía que para todo hecho, había una razón suficiente que motivaba que eso fuera así y no de otro modo. Si x es x, hay un motivo para que sea x y no z.

Pero claro, observando estos principios se puede decir que son demasiado generales y que no abarcan la totalidad de los casos. Por lo tanto, pueden llevar a error. Si sustituimos en los ejemplos anteriores la letra x por una palabra como podría ser “agua”, obtenemos contradicciones del tipo el agua es agua o no lo es, cosa incierta pues el agua puede ser agua pero puede cambiar de estado y pasar a ser hielo o vapor. De hecho, puede separarse en moléculas de oxígeno e hidrógeno, dejando de ser una cosa y pasando a ser dos.

Este fue el punto de arranque para que hubiera dos razonamientos distintos y predominantes, de cuyo enfrentamiento podían y pueden salir más cosas buenas que malas. Al contrario que dos personas discutiendo por quién la tiene más grande, estas dos formas de pensar opuestas pueden aunar sus razones para obtener una “verdad” más sólida de la realidad. Estos dos modos de pensar son el razonamiento inductivo y el razonamiento deductivo.

El razonamiento deductivo es mucho más primitivo, y se remonta a los antiguos griegos ya citados. Este razonamiento sostiene que, por medio de la lógica,  es posible conocer las verdades universales sin la necesidad de observar casos particulares. De ahí que con esos cuatro principios creyeran tener la razón absoluta sin tener en cuenta observaciones que pudieran desmentirlo.

No obstante, con el paso del tiempo el razonamiento deductivo no tardó en ser criticado en su punto débil: no se servía de la observación y por lo tanto, obviaba numerosos casos particulares que invalidaban una aplicación rígida  e incuestionable de los citados principios de la razón. Críticos como Hegel o Kant optaban por un razonamiento inductivo que pudiera establecer generalizaciones mediante la observación y el estudio de muestras representativas. Por lo tanto, el razonamiento inductivo se basaba en la observación y estadística para elaborar leyes mientras que el razonamiento deductivo primario aplicaba principios basados en la lógica.

El pensamiento inductivo supuso un gran aporte al método científico, y usando su modelo de observación y estadística se han podido establecer numerosas leyes físicas que han proporcionado al ser humano el desarrollo evolutivo y tecnológico que hoy en día posee, y todo el que vendrá en el futuro. En armonía con ciertas premisas deductivas sacadas de la lógica primaria de los antiguos locos griegos, el razonamiento inductivo quizás pueda suponer el máximo conocimiento que un ser humano sea capaz de asimilar.

Poseer argumentos cargados de razonamientos deductivos e inductivos puede hacer que nos hinchemos cual globo sabedores de que tenemos la razón absoluta. Si hay un momento de nuestra vida en el que nos podamos sentir absolutamente seguros de algo, ese momento será cuando tanto la observación como la lógica nos otorgue una respuesta, un conocimiento que nos haga enfrentarnos con convicción a cualquiera que nos contradiga. En ese momento todo nos dirá que tenemos razón.

Sin embargo, nadie es perfecto y hasta la guardia más atenta flaquea por algún lugar. El agua siempre se acaba abriendo paso por el resquicio más diminuto que te puedas imaginar, empapándolo todo a su paso. Podemos estar equivocados incluso estando en posesión de la mayor de las razones. Hasta unos argumentos basados en el más minucioso estudio, y unas conclusiones cargadas de lógica a reventar, podrían tambalearse con la inocente pregunta de un niño.

La filosofía, siempre tocando los cojones…

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9 Respuestas a “Tener la razón

  1. Dices en tu argumentación: “Es la razón, esa maravillosa cualidad que tiene el ser humano para pensar, la que nos guía en nuestros actos, en nuestras conversaciones y en todo cuanto nos rodea. Todo está articulado en base a la razón.”

    ¡Ojalá!, me temo que a la mayoría de nosotros no nos guía la razón sino la estupidez. Queremos llevar razón, que es muy distinto a creer que la llevamos. Las personas que se rigen por la razón son las que más fácilmente dudarán sobre su razón, las que darán una oportunidad a los argumentos del otro; que, al menos, los escucharán.
    Un día, un amigo un poco airado, me decía: “Tú siempre te crees que llevas razón”. Claro, es bastante evidente que es así, si no, cambiaría mis pensamientos. Es de lerdos revolcarse en una idea que se sabe equivocada.

    El agua es agua (y no otra cosa) hasta que deja de serlo; en ese momento, es otra cosa y no agua (oxígeno e hidrógeno atómicos). Que veo que nos quieres liar.
    Un saludo, filósofo. 😉

    • Hola Alicia!

      No te falta razón. Efectivamente, cuando nos paramos a observar el mundo nos damos cuenta de que predomina más la estupidez de la razón. Yo me refería a que todo lo que hacemos tiene unas bases lógicas y razonables que hace que nos comportemos así. Del mismo modo, las cosas son como son porque ha habido un razonamiento que las ha hecho evolucionar hasta el estado actual. Como tú bien dices, ojalá que todo estuviera bien regido por la razón, seguro que sería mucho mejor que ahora. ¿O no? No sé.

      Con el ejemplo del agua me ha pasado algo parecido, no lo he explicado bien. He querido buscar algo que pueda ejemplificar el motivo por el que el razonamiento inductivo atacaba la supremacía de la lógica. Se me ha ocurrido ese ejemplo, pero efectivamente, el agua es agua. Cuando cambia de estado, hablamos de un momento distinto. Incluso cuando se separa molecularmente.
      Lo que quería expresar es que el agua es una de esas cosas que puede ser algo, y momentos después ser otra cosa. Seguro que hay un ejemplo mejor (se me ocurre el de cuando antiguamente se daba por hecho que todos los cisnes eran blancos, cuando lo que pasaba es que aún no se había visto ningún cisne negro) pero del mismo modo que el agua no tiene por qué ser siempre agua, hay otras excepciones que hicieron dudar de la lógica primitiva y avanzar mediante la observación y el estudio hacia un razonamiento más moderno y más exacto.

      Lamento haberlo liado un poquito. Sé que no me lo tienes en cuenta :p

      Un abrazo Alicia.

  2. Lo del agua era una broma, se te ha entendido perfectamente, como siempre.

  3. Pingback: Tener la razón

  4. Mi problema, creo, es que intento ponerme en la piel de otros, entender “su razón”; tal vez por eso no consigo convencer a nadie, ni siquiera a mi misma, de que la razón (sin matices, sin sombras, pura) existe. Hay conceptos como verdad o razón, que suelo utilizar con adjetivos posesivos, porque creo que mi verdad o mi razón están en cierto modo “contaminadas” por mi lugar de nacimiento, mi nivel de estudios, mi clase social, mi sexo e incluso mi carácter.
    Y ¡fijate! hasta el agua tiene sus matices: puede ser bendita, salada, dulce, caliente, fría. (En fin, que como siempre, llevas razón: la filosofía siempre tocando los cojones).
    Un abrazo, Desira

    • Creo que está bien utilizar adjetivos posesivos para referirse a la razón o a la verdad. Aunque dentro de nuestra cabeza todo nos cuadre, me temo que nunca tendremos una verdad 100% indiscutible. La verdad de cada uno, como dices, depende de sus circunstancias personales.

      El agua es algo que me encanta usar para muchos ejemplos, es el compuesto que nos da la vida. Water can flow… or can crash… be water my friend.

      Un abrazo.

  5. Tener la razón implica tener la verdad sobre alguna cosa. Estoy tan cansada de oir dos versiones totalmente válidas de una misma historia que pienso que tener la razón es una cuestión más subjetiva que de lógica.

    Cada uno de nosotros se mueve por una serie de motivos, diferentes al resto de las personas que nos rodean, yo puedo pensar que alguien tiene razón según mis ideas, pero para una persona contraria a mí puede ser totalmente diferente…

    Muchos de los problemas que nos envuelven hoy día se deben precisamente a que nadie tiene la razón absoluta.

    Un beso

  6. La única verdad absoluta es que vamos a morir, ni siquiera los impuestos (lo siento por Franklin), porque algunos saben cómo hacer que no existan

    🙂

    Y lo de que vamos a morir, sólo de momento. Puede que algún día descubramos como vivir eternamente (algo parecido a las plantas, pero más duradero), o una manera de clonarnos indefinidamente. Pero mientras llega todo eso, la muerte es la única verdad, todo lo demás son conjeturas.
    Saludos a todos los amigos filósofos.

    • Edurne, es bueno por tu parte pensar así. Al menos, mucho mejor que pensar constantemente que tienes razón en lo que haces. De todas formas, aunque tenemos motivaciones distintas para actuar, deberíamos hacerlo contemplando la razón más que nuestros motivos, y seguro que se evitarían gran parte de las discusiones entre personas, aunque surgieran nuevas.

      De todas formas, hagamos lo que hagamos y por mucha razón que tengamos, como dices, no tendremos la razón absoluta. O sí. No sé.

      Y en cuanto a la necesidad de la muerte, Alicia, es cierto que esa ha sido una máxima que aún hoy es incuestionable. Nos vamos a morir. Todos. Lo que no está tan claro es que no podamos volver a vivir.

      Esa realidad se retuerce y se tergiversa a pasos agigantados. La nanotecnología está haciendo posible que hoy en día ya se criogenicen a personas (a un precio altísimo, eso sí) y se calcula que en unas décadas será posible hacer copias genéticas electrónicas y biológicas de todas y cada una de nuestras caracterísitcas, recuerdos y procesos mentales incluidos. Entonces, no sólo será posible no morir sino que podrá crearse en cualquier momento un clon idéntico a nosotros.

      Pero todo esto da para un post y para otro blog entero.

      Muchas gracias por los comentarios a las dos.

      Saludos!

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