Germán Coppini: Un “reserva” de la música

Cada día me sorprende más el género humano. Para bien y para mal. Pero como para mal siempre estamos a tiempo de hablar, hoy quiero hablar de una maravillosa cualidad que tiene el ser humano, ese ser que a mí me parece tan extraordinario. La cualidad de mejorar con el tiempo.

El tiempo hace mella en nosotros. Nos marca, nos cambia y nos moldea, en base a nuestras vivencias y lo que de ellas seamos capaces de aprender para mejorar.

A algunas personas les sienta muy mal el paso del tiempo. Como soy casi incapaz de pensar que nadie, en su sano juicio, pueda elegir conscientemente ser mala persona, soy más de creer que cada uno se considera bueno a sí mismo, a su manera.

Pienso que alguien a quien le ha sentado mal el tiempo es alguien que ha tenido la gran desgracia de aprender mal la lección de la vida. Se ha amargado, se ha estancado y no ha mejorado como persona, al contrario. Se ha tomado su desgracia como algo que echarle en cara a la vida, no como una oportunidad para mejorar.

A otras personas, sin embargo (y aquí es donde quisiéramos estar la mayoría) el tiempo les sienta fenomenal. Aprovechan la suerte de estar vivos para aprender, para mejorar y para perseguir un ideal. Sea el que sea. Para tener “una ilusión de vivir”, digamos.

Ese “hambre” por evolucionar a mejor puede quedar patente en cualquier faceta de la vida. Mientras trabajas, mientras hablas, mientras escribes… ¡e incluso mientras follas! Porque nadie me negará lo importante de estar “bien follado”, ¿verdad?.

En un símil (muy cogido con alfileres, por cierto) creo que podríamos comparar a las personas con los vinos.

Por un lado estarían los vinos comunes, el popularmente conocido Don Simón. Un vino que ha sido fabricado a granel, para cumplir su función de consumo rápido.

Por otro lado estarían los vinos de calidad, unos vinos de mezclas cuidadas y que envejecen durante años para adquirir solera.  Estos serían los llamados reservas.

En el caso de los vinos, ellos no eligen ser un Don Simón o ser un reserva, pero en el caso de las personas sí podemos hacerlo.

Y para ser un reserva, para no conformarnos con como somos y mejorar, no hace falta ser ningún genio. No hay que reinventar abstractos conceptos ni dejar boquiabierto a medio mundo. Sólo hace falta tener algo que es perfectamente resumible en una sola palabra: actitud. La actitud que tomes ante la vida puede hacer de tí un desgraciado, aunque nacieras con todo de cara.

Hace poco conocí gratamente la historia de un reserva de la música, Germán Coppini. Una de esas personas a las que el tiempo le ha sentado muy bien.

Germán fue el cantante de Siniestro Total y Golpes Bajos, conocidos grupos de la “epoca dorada” del pop español. Salvo honrosos casos, de la mayoría de los grupos de aquella época tan sólo nos queda el recuerdo, pero no es así en el caso de Coppini.

Os voy a dar un ejemplo de como este hombre se ha resistido a la cruel resaca del éxito y ha sabido tener la actitud necesaria para convertirse en un reserva. Os voy a poner tres versiones de una misma canción del grupo Golpes Bajos. La canción, que particularmente me encanta (pese a ser un tanto rara) es una oda a la paranoia que se tituta “No mires a los ojos de la gente”.

Esta es la primera version del tema, del año 1984.

Aquí teneis una versión más reciente, alrededor del año 2000.

Y esto es lo último del señor Coppini para rizar el rizo. Ni más ni menos que una versión con la Orquesta Sinfónica de RTVE, en el Teatro Monumental de Madrid, en 2006. Una auténtica delicia para los oídos.

Se puede observar una grandísima evolución en su música con el paso del tiempo. Germán Coppini no se conformó, no se dejó llevar y quiso innovar y mejorar.

Tiene mucho menos pelo y muchas más arrugas, pero casi todos los que escucharon su música en los años 80 y le escuchan ahora, se sorprenden y coinciden en que, al contrario que muchos,  Germán ha mejorado con el paso del tiempo, como el buen vino.

Como un auténtico reserva, uno con casi 50 primaveras.

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4 Respuestas a “Germán Coppini: Un “reserva” de la música

  1. Parece mentira que conocieras esa canción en un Cash Converters comprando un monitor para el ordenador…

    Y recuerda: no mires a los ojos de la gente…

  2. Efectivamente, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Por eso es tan importante hacer cosas y viajar, aunque a veces salga mal.

    Pero creo que sí voy a seguir mirando a los ojos de la gente. A los tuyos también, que son muy bonitos. Mienten las bocas, no los ojos.

    Un besito

  3. Pingback: Germán Coppini: Un "reserva" de la música

  4. malos tiempos para la lírica.
    Otra canción que no se olvida (y menos el título)

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