Intento ser mejor persona. Me llamo Juanjo

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A algunos os sonará la serie Me llamo Earl. Para los que no, a grandes rasgos, viene a ser la historia de un tipejo que deambula por la vida haciendo el mal y tratando de subsitir a base de la delincuencia. Un día le toca la lotería y tiene un accidente donde pierde el boleto. A raíz de esto, considera que lo que le ha pasado es  fruto de todas sus malas acciones y decide cambiar su vida, arrepentirse de todos sus pecados e intentar enmendarlos. El tío hace una lista con todo lo malo que ha hecho en toda su vida e intenta compensar a todas y cada una de sus víctimas por cualesquiera que sea el mal que les causó.

Pues bien, yo no soy un delincuente, ni mucho menos un cabronazo que vaya por la vida jodiendo a los demás, pero también he cometido muchas malas acciones y he hecho daño a gente (como todos y cada uno de los que leen esto). Creo que he causado dolor, decepción, tristeza e incluso odio. Para algunas personas incluso puede que ya no sea alguien de quien fiarse. Soy plenamente consciente de que nada de lo que pueda hacer a partir de ahora podrá borrar mis malos actos. Las lágrimas y las decepciones no pueden desaparecer. Lo hecho, hecho está.

Pero al igual que el protagonista de esa serie, todos tenemos el derecho (que yo lo veo más como una obligación moral) de aceptar lo malo que hemos hecho, arrepentirnos e intentar enmendarlo. Sólo de esa forma estaremos en paz con nosotros y con todos los que nos rodean. Sólo así podremos en la cara de la gente un gesto de confianza donde antes pusimos un gesto de enfado.

Aun así hay cosas que tienen difícil solución. Podemos haber hecho alguna barbaridad difícilmente solucionable, que haya causado heridas casi imposibles de cicatrizar. No hablo de crímenes ni grandes desastres (que también hay quien los comete y debería arrepentirse) sino de gestos que, por la forma de ser de la persona a la que se lo hemos hecho, hayan causado que necesitemos años e incluso toda una vida para demostrar que estamos realmente arrepentidos de lo que hemos hecho. Incluso de esta forma, quizás nunca seamos perdonados.

Pues de todas esas cosas no mandamos, no podemos “elegir” que nos perdonen nuestras malas acciones. Lo único que podemos hacer es acatar y respetar las consecuencias de nuestros actos. Y así es como uno más se curte. Aceptando que ha hecho algo malo y que debe pagar por ello. Sin rencor y sin exigir el perdón. Sólo aceptar la voluntad de nuestra “víctima”.

En mi caso, he llegado a un punto de mi vida en que considero que debo pagar por las cosas malas que he hecho. Me arrepiento de todas ellas y voy a intentar remediarlas en la medida de lo posible. Yo sé que soy una buena persona, ahora quiero que lo sepan todos a los que no he tratado bien. Tú deberías pensar algún día de tu vida en hacer lo mismo.

Al fin y al cabo, algún día nos vamos a morir. Ese día será mejor estar satisfechos de lo que dejamos en el mundo orgullosos de la persona que hemos sido.

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