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Los Golden: El talento elevado a la cuarta

Para algunos pueden ser cuatro payasos haciendo canciones chorra. Para otros, unos cómicos que cantan. O unos cantantes que hacen comedia. Quizás también se les podría llamar showmans. Y la verdad es que para muchos son unos grandes desconocidos. Para mí lo eran. Sus nombres son Kike, Loyola, Edu y Manu, pero se hacen llamar Golden Apple Quartet.

A muchos de vosotros quizás os suenen por la que a mí me gusta denominar “canción del pollo asao asao”, y puede que por poco más. De hecho, tal vez alguno esté confundiéndolos con Les Luthiers. Hasta hace poco, los Golden sólo me sonaban de alguna esporádica actuación en la tele y por algún link tonto de esos que te pasa cualquier conocido y que puedes tener tiempo y ganas de ver, o bien puedes mandarlo al olvido con la mayor de las indiferencias.

El caso es que hace poco hicieron una función cerca de donde vivo, y solamente costaba ocho euros la entrada. No soy un entendido en la materia, pero cuando he intentado ir a alguna función de alguien más o menos conocido, los precios solían rondar el doble o el triple de esa cantidad. ¿Querría decir eso que el espectáculo no valdría la pena? No las tenía yo todas conmigo… pero a pesar de todo, no sé por qué, me hacía ilusión.

Sonrisas y lágrimas

Llegó el día de la función y el teatro estaba medio vacío, pero eso no me desanimó. El show que presentaban se titulaba Los Golden en serio. Cabe preguntarse por qué un grupo de cómicos titulan así un número, y su explicación tiene.

Una vez empezada la función, durante el prólogo, nos explicaban que el hecho de hacer humor les había encasillado de cara al público, y con el tiempo su gran sueño de cantar en el Carnegie Hall de Nueva York se había ido a hacer gárgaras. Todo por el maldito humor, así que iban a dejarse de “chuflerías”, y se disponían a empezar una nueva carrera como serios cantantes de prestigio. Aún no había terminado la introducción y ya estaban haciendo coñas.

A partir de entonces comenzó un periodo de unas dos horas en el que mi cuerpo fue un hervidero de sensaciones. Alternaban las bromas con las conversaciones serias, una canción chorra con otra de Frank Sinatra. Lo mismo les daba flamenco, que salsa, que boleros… te bordaban cualquier estilo con sus cuatro potentes vozarrones, que encajaban a la perfección en todo momento. Cuando cantaban para hacer reír, te partías la caja, y cuando se ponían a cantar en serio, se te saltaban las lágrimas. Si ya es difícil ser bueno haciendo comedia, y ya no digamos ser un buen cantante, ellos se manejaban en ambas facetas, y en las dos lo hacían de miedo. Nunca había visto a nadie con la capacidad de hacerte llorar de risa y de emoción en apenas cinco minutos. Fue una experiencia única y maravillosa.

Cuando salí del teatro, en seguida se me posó una pregunta en la cabeza. ¿Por qué estos tíos no son famosos? La pregunta, en sí, obviamente está mal formulada, porque ellos son famosos y la prueba está en que yo pagué por verlos a ellos, y no al revés. Pero, ¿Por qué unos ARTISTAZOS como estos van a pueblos donde no se llena el teatro (valiendo 8 euros la entrada) y otros con mucho menos talento petan las salas de ciudades importantes? ¿Y esos que incluso tienen programas en la tele?

A lo peor va a ser verdad eso de que “más vale caer en gracia que ser gracioso”.